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Una india maya en la colina de las utopías

Rigoberta Menchu, Premio Nobel de la Paz 1992. Keystone Archive

La Fundación Monte Verità, cerca de Ascona, ha consagrado la primera conferencia de su foro sobre el respeto de los derechos humanos a la lucha que libra Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992.

Este contenido fue publicado el 09 octubre 2006 - 15:41

La indígena guatemalteca de etnia maya recordó la dimensión humana e internacional de esta colina sobre el Lago Maggiore que hace un siglo fue cuna de las utopías y de los naturalistas.

El foro se estrenó a lo grande. La Fundación Monte Verità invitó a la guatemalteca Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, a hablar de su lucha en defensa de las minorías indígenas de su país y sus derechos más fundamentales.

Muchos progresos en un decenio

Rigoberta Menchú y su esposo Ángel llegaron el viernes (06.10.) por la tarde procedentes de Ginebra. Antes de proseguir viaje a Barcelona hicieron una breve escala en Ascona, el tiempo suficiente para que esta infatigable luchadora, con su colorido traje maya y el cabello recogido en trenzas, pudiera relatar cómo prosigue su labor a favor de la paz.

Exilada durante mucho tiempo en México, Rigoberta Menchú, de 47 años, vive hoy con su marido e hijo de 11 años en Guatemala, "en algún lugar en el campo", dice. La que fuera embajadora de buena voluntad de los acuerdos de paz suscritos en 1989 enumera todos los avances alcanzados durante los años 90 a medida que la paz se iba consolidando en su país.

"Los indios maya han conseguido mucho", señala. "La enseñanza superior para los adultos, puestos en la administración, en las alcaldías, asociaciones de mujeres. Ahora queremos que nuestro gran proyecto, el de una universidad maya, se concretice cuanto antes".

Rigoberta Menchú y su esposo, a través de la Fundación que constituyeron, también han creado una amplia red de farmacias baratas y de consultas médicas accesibles a todos, "en las zonas rurales, sobre todo, donde ningún médico quería poner un pie".

La lucha sigue

La Premio Nobel de la Paz 1992 reconoce que su país ha evolucionado mucho desde la dictadura, pero quisiera que la población y cultura mayas ocuparan un mayor espacio. "Todo el mundo, no sólo los indígenas, puede aprovechar los conocimientos de la cultura indígena, su relación con la naturaleza, el significado profundo del calendario maya".

"Hay que seguir luchando, en Guatemala, en todo Centroamérica y Sudamérica, en el mundo entero para que cesen los atropellos a los derechos humanos. Pero tengo fe, soy optimista porque nuestros hijos crecen con la conciencia de una nueva identidad y de una mayor seguridad".

El deseo concreto de Rigoberta Menchú es ver su país gobernado, después de la cita electoral prevista para 2012, por un gobierno mixto donde los indígenas tengan su representación justa. "Lo conseguiremos pero debemos ponernos las pilas. El 2012 está a la vuelta de la esquina", concluye esta mujer menuda, pero cuya energía iluminó en este atardecer de octubre no sólo la colina antaño conocida por sus 'bailarines desnudos'.

swissinfo, Gemma d'Urso, Monte Verità (Tesino)
(Traducción del francés: Belén Couceiro)

Contexto

Nacida el 9 de enero de 1957 en una familia campesina maya quiché, Rigoberta Menchú fue testigo de cómo sus dos hermanos y padres morían asesinados a manos de los militares en el poder durante los años 70 y 80. En 1981 se exilió en México huyendo de la represión.

Su infatigable lucha a favor del pueblo maya le ha valido notoriedad internacional.

Rigoberta Menchú y su marido Ángel trabajan hoy en Guatemala donde han creado una fundación de ayuda al pueblo maya, una asociación bautizada 'Medicinas para todos', así como varios organismos.

La Premio Nobel de la Paz 1992 sigue haciendo escuchar la voz de su pueblo en el mundo entero. Asimismo escribe cuentos infantiles. Su cuarto libro está en imprenta.

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Una colina de artistas

A comienzos del siglo XX, el barón Eduard van der Heydt funda una colonia de artistas que defienden la utopía y los valores naturalistas en la cumbre del Monte Verità, cerca de Ascona (cantón Tesino).

Las costumbres desinhibidas de los "ballabiut" (bailarines desnudos como los llama la población autóctona en dialecto tesinés) desconciertan a la gente por el hábito de bailar despojados de ropa en el parque de su residencia.

La colonia, que genera una fuerte oposición en la población local, se disuelve a mediados de los años 20.

Conocido durante mucho tiempo como un lugar turístico y por su hotel, el Monte Verità se convirtió en 1993 en sede de la fundación que lleva su nombre. Ésta gestiona el hotel y el Centro Stefano Franscini, auspiciado por la Escuela Politécnica Federal de Zúrich. En el Monte Verità se organizan regularmente conferencias, simposios y seminarios.

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