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Un testimonio sobre el horror y la resistencia

La cárcel de Coronda, escenario del libro "Del otro lado de la mirilla ". El Periscopio

Sesenta ex-presos políticos argentinos acaban de escribir « Del otro lado de la mirilla », prologado por el Premio Nobel de la paz, Adolfo Pérez Esquivel.

Este contenido fue publicado el 31 octubre 2003 - 10:50

El libro se publicó gracias al apoyo de la solidaridad helvética.

La obra constituye «un aporte al rescate de la memoria colectiva que respira escondida bajo la amnesia obligatoria», comenta el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Exiliados en Suiza

Centenares de presos políticos y exiliados argentinos llegaron en los años setenta como refugiados políticos a Suiza y otros países europeos.

Veinte años más tarde se acaba de editar, con el apoyo de la solidaridad helvética, el primer libro colectivo testimonial sobre una cárcel latinoamericana.

«Del otro lado de la mirilla» se ha convertido en un éxito de distribución propio de los grandes ‘best-seller’. Dos mil ejemplares fueron vendidos en 10 días y más de 3.000 personas yahan participado en varias presentaciones en Buenos Aires, Rosario, Santa Fe, Pergamino, Villa Constitución, San Miguel y en Coronda misma (al norte de la provincia de Santa Fe) donde está instalada la otrora prisión de máxima seguridad. Como consecuencia del eco, se prepara una segunda edición.

Obra de interés cultural

Los Concejos Municipales de las ciudades de Rosario y Santa Fe han declarado al libro «como obra de interés cultural». Un proyecto de ley a nivel nacional de igual contenido fue presentado a fines de septiembre en el Parlamento.

«No se podía trabajar, no estaba autorizada la lectura ni el deporte, el encierro en celdas individuales (o de a dos) era de 23 horas sobre 24...», explica Saro.

Cualquier violación al reglamento carcelario interno -que nadie conocía a ciencia cierta - se transformaba en más encierro y aislamiento, tal como señala el informe que presentó en Suiza un preso recién liberado, a inicios de 1979, a Amnistía Internacional y al Consejo Mundial de Iglesias.

Campo de concentración legalizado

El informe enumera 50 motivos de castigo: hablar con el preso vecino a través de la ventana, sonreír a un compañero en la fila de formación, hacer gimnasia o bañarse en la celda, etc.

El aislamiento total de casi un año, después del golpe militar del 24 de marzo de 1976, se prolongó con un sistema mensual de visitas cortas, sin contacto físico con los familiares

«Reinaba el desamparo legal. Nadie sabía cuándo acabaría su pena y la mayoría ni siquiera si tenía proceso jurídico alguno », explica por su parte Carlos Usinger, otro ex-detenido de Rosario.

«La prisión de máxima seguridad de Coronda fue concebida como un verdadero laboratorio experimental".

"Se aplicó en ella un sistemático plan de destrucción física y psicológica con el objetivo de destruir a los presos que pasamos por sus celdas», subraya un documento de prensa que acaba de ser presentado por el grupo de personas que han escrito el libro.

Resistir era sobrevivir

«A régimen brutal, resistencia colectiva, ordenada, unitaria. Cada celdita se fue convirtiendo en una trinchera, cada grupo de celdas cercanas en los tres pisos - verdaderos ‘barrios’-, adquirieron el perfil de bastiones de un combate colectivo diario», explica Usinger.

Si los guardias obligaban a cerrar las ventanas externas -para impedir toda comunicación entre las seis celdas emparentadas-, los ‘teléfonos’ se multiplicaban en segundos. Cada preso vaciaba el agua de su inodoro y se reiniciaba el contacto interno de inmediato.

«La resistencia colectiva cotidiana constituyó así la otra cara de la moneda ‘corondina.’ Al laboratorio de destrucción le respondimos con ingenio y convicción. Al régimen brutal con nuestra lucha por la vida. A los barrotes y candados, con el sueño de la Utopía y la Libertad» subraya el grupo de autores.

Cuando la memoria se hace vida

Coronda fue desmantelada en 1979 como cárcel de extrema seguridad, y los presos políticos trasladados en distintas direcciones, a otras prisiones del país.

Sin embargo fueron necesarios más de veinte años desde su clausura - y 17 desde el fin de la dictadura-, para que esa experiencia colectiva comenzara a aflorar como testimonio y relato.

A inicios del 2000, un grupo de los antiguos jóvenes lanzó la primera piedra que golpeó duro. El proceso fue largo: más de tres años hasta que «Del otro lado de la mirilla» vio la luz del día el pasado mes de septiembre del 2003.

«Más de 60 ex-detenidos participamos directa y activamente en el proceso de recopilación y redacción. Más de 150 acompañaron de una u otra forma este trabajo horizontal» advierten los autores.

Para quienes el libro no fue más que un enorme y maravilloso pretexto de rencuentro con su historia, resultó ser un grito desgarrado por un «¡Coronda nunca más!»

swissinfo, Sergio Ferrari

Datos clave

Varios de los ex-presos políticos que testimonian en la obra vivieron exiliados en Suiza.

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Contexto

Un «¡Coronda, nunca más!» un grito compartido también por Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la paz y autor del prólogo del libro.

El libro colectivo es un aporte a la "reconstrucción de la memoria."

Risas y llantos, soledad y resistencia, pérdidas y rescates se suceden en las 300 páginas de relatos personalizados que adquieren valor y vida en el colectivo.

"Todo lo que cada uno relata fue vivido por la mayoría de los más de mil presos políticos que pasamos por la cárcel de Coronda" explican los autores.

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