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Un rey enfermo en Ginebra

El rey Fahd, de Arabia Saudita, a su llegada a Ginebra. Keystone

Acompañado por su corte -unas 350 personas- el rey Fahd de Arabia Saudita se reposa en Ginebra. Gravemente enfermo, desde 1995 no dirige su reinado.

Este contenido fue publicado el 21 mayo 2002 - 14:48

Ninguna información precisa se ha filtrado sobre el estado de salud del monarca saudita. El único signo de su enfermedad: el rey Fahd salió en silla de ruedas del avión a bordo de cual aterrizó en Ginebra.

El soberano, de casi 80 años, arribó al aeropuerto de Cointrin el lunes por la noche. La delegación que lo acompaña, integrada por centenares de personas, se desplazó a bordo de seis aviones, según precisó el portavoz de la central aérea, Philippe Roy.

Dos de las aeronaves, incluido un Boeing 747, permanecerán en el aeropuerto durante la estadía, indeterminada, del rey en Suiza.

A su llegada el monarca saudita se dirigió a su palacio de Collonge-Bellerive, en el cantón de Ginebra, en el que nunca hasta ahora había residido.

Con una salud muy quebrantada después de una embolia cerebral que sufrió en 1995, el monarca no sale prácticamente de su país y no ha hecho ninguna declaración pública desde hace años. Además, puso en las manos del príncipe heredero, Abdallah, su medio hermano, la administración del reino.

Antes de este viaje a Ginebra, el último desplazamiento de Fahd al extranjero tuvo lugar en 1999, cuando pasó dos meses en su residencia de Costa del Sol. Durante esa estancia en España el rey se reestableció de una operación del ojo izquierdo.

Hecho excepcional

Esta visita a Suiza constituye entonces un acontecimiento, tanto para Ryad como para Ginebra. Es, inclusive, la primera vez que el soberano saudita se instala en la lujosa propiedad que se hizo construir al borde del lago Lemán.

Una construcción faraónica que generó una larga batalla judicial con los vecinos del ilustre propietario y que se prolongó tanto como los trabajos iniciados en los años 70.

Esa fue la razón por la que el rey Fahd evitó viajar a Ginebra por años enteros, para la desesperación de los responsables de turismo local.

La llegada del monarca y de su numerosa corte a orillas del lago Lemán significa, en efecto, un impacto de seis cifras para la economía ginebrina. Un maná que podría reforzarse este verano.

Lo anterior toda vez que, según los especialistas, para el conjunto de los países del Golfo la llegada a Ginebra de una personalidad de la talla del rey Fahd, es un elemento determinante en materia turística.

Un jefe de Estado entre otros

La policía local no ha instrumentado medidas particulares para asegurar la protección del rey Fahd. El soberano saudita recibe el mismo trato que cualquier jefe de Estado.

A su llegada al aeropuerto de Cointrin (Ginebra) un "vehículo guía" fue puesto a su disposición por la gendarmería amén de que algunos inspectores se encargaron de la seguridad del cortejo de limusinas.

Los patrullajes policiales alrededor de la propiedad del rey, en Collogne-Bellerive (Ginebra) fueron reforzadas y, en caso de desplazamiento del soberano la policía ginebrina actúa bajo solicitud expresa.

En efecto, es suficiente conque el rey llame por teléfono al servicio diplomático de la policía local para que obtenga medidas de acompañamiento. Pagados en parte por la Confederación, esos servicios están a disposición de todos los jefes de Estado.

Eso significa que el soberano es libre de asegurar su protección más cercana a su antojo. Si lo desea, puede agregar a su equipaje "300 gorilas".

Fréderic Burnard, Ginebra y agencias

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