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Un país conflictivo

A pesar de la firma de los acuerdos de paz en 1996, Guatemala sigue siendo un país que vive una situación de conflictos permanentes.

Este contenido fue publicado el 08 septiembre 2004 - 10:48

“Se tiene que negociar con cambios de actitud, porque hasta el momento es la confrontación que vale”, considera Mô Bleeker.

Cuando tomó su cargo de coordinadora del programa de promoción de la paz en Guatemala, la primera tarea de Mô Bleeker fue analizar con la sociedad civil la situación política que atraviesa este país de posguerra, que conoce una polarización muy fuerte a todos los niveles: entre el Gobierno y la sociedad y en la sociedad misma.

“Guatemala todavía no es un país en paz. Es un país que sigue viviendo un conflicto fuerte, o sea vive una situación sin paz, o de pre-conflicto o de conflicto permanente, que no se expresa en forma de una guerra. Pero el patrón de la violencia no ha cambiado en realidad, o poco ha cambiado”, explica Para Mô Bleeker.

Los estigmas de la guerra

Esta situación tiene sus raíces en los 36 años de guerra que vivió Guatemala y que dejaron 200.000 muertos, además de 45.000 desaparecidos. A pesar de los Acuerdos de Paz firmados en diciembre de 1996, esta pequeña nación centroamericana aún no ha logrado una verdadera reconciliación.

Las últimas elecciones presidenciales han demostrado una vez más que los viejos demonios todavía no han desaparecidos. Uno de los candidatos era el ex general Efraín Rios Montt, responsable de un genocidio en 1982 y cuya dictadura fue recordada como uno de los regímenes más sangrientos de la historia del Guatemala. Por lo tanto, su candidatura reabrió las heridas de un pasado reciente.

Además, el presidente Alfonso Portillo, del Frente Republicano Guatemalteco fundado por el mismísimo general, reactivó por razones electorales las ex patrullas de autodefensa civil (PAC), creadas a principios de los años ochenta.

El mandatario decidió indemnizar a los miembros de esos grupos paramilitares que calificó de “héroes de la patria”, mientras los familiares de los desaparecidos esperaban en vano un resarcimiento. Esto dividió todavía más la sociedad entre víctimas y victimarios.

Presencia del pasado

Frente a esta situación y tomando en cuenta los niveles de violencia que registra actualmente el país, el balance que hace Mô Bleeker no es muy alentador:

“En Guatemala, el pasado está totalmente presente y la guerra, para la mayoría de la gente, sigue presente. Eso se debe a la coexistencia de un pasado que no ha terminado, un presente muy inseguro y la desesperanza de la población que vive en una situación de violencia insoportable.”

¿Cómo elaborar un sentimiento de bien común y fortalecer el Estado-Nación en esas condiciones, si no hay comunicación, si no hay diálogo? A esa pregunta, la coordinadora suiza respondió con la creación de espacios de diálogo y de concertación entre actores cuyas posiciones podían parecer irreconciliables.

En su opinión, no hay otros remedios para transformar conflictos: “Eso sí, se tiene que negociar con cambios de actitud, porque hasta el momento es la confrontación que vale, con todos perdiendo”.

swissinfo, Patrick John Buffe, México D.F.

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