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"Este museo no ha sido tema fácil para el gobierno"

La comunidad chilena exiliada en Suiza también participará con sus testimonios: Romy Schmidt swissinfo.ch

Un terremoto, un cambio de gobierno, recorte presupuestario y la reticencia de algunos sectores son parte de los obstáculos que ha debido sortear el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Chile, en su primer año de vida.

Este contenido fue publicado el 12 abril 2011 - 12:28
Mariel Jara, Santiago de Chile, swissinfo.ch

Su directora, Romy Schmidt, de raíces suizas, codirige también el Diplomado Internacional de Derechos Humanos de la Fundación Henry Dunant para América Latina

Romy Schmidt informa que ha establecido contacto con algunos chilenos exiliados en Suiza durante el gobierno militar. “Nos quieren dar testimonios y registros de actividades que hicieron en Suiza para llamar la atención y buscar recuperar la democracia en Chile. Son un grupo pequeño, pero muy activo”.

Esta descendiente de suizos y croatas, advierte de que en Chile aún hay reticencias para mirar el lado oscuro en la dictadura: “Estamos conscientes de que algunos están en contra de este museo y que justifican las violaciones a los DDHH de  la dictadura militar. Es un grupo reducido, pero poderoso”. Entrevista:

swissinfo.ch: ¿Como ha sido la experiencia de dirigir este museo?

 

Romy Schmidt: Encabezar su apertura ha sido una enorme satisfacción y también un gran desafío, muy distinto al que imaginé cuando llegué. Porque a seis semanas de inaugurado, vino el terremoto del 27 de febrero y el edificio se destruyó entero por dentro. Fue un momento duro, pues no teníamos recursos para repararlo y todo el país estaba en lo mismo, así que debíamos ponernos en la ‘lista de espera’ para la reconstrucción. Pese a las complicaciones, logramos hacerlo en seis meses, con un costo de 844.000 dólares. Y cuando reabrimos, el 14 de agosto, fue casi como empezar de cero.

swissinfo.ch: ¿Cuál es el rol de este museo?

 

R.S: En Chile, no hay otro lugar comparable a este museo. No es un centro cultural o un sitio dedicado a las artes, tampoco a la política. Es un poco de todo, con una misión muy importante, dar a conocer las violaciones a los DDHH ocurridas en la dictadura. Sobre todo el rostro de las víctimas y sus familiares, porque una cosa es mostrar cifras y otra es ver una imagen, un video, conocer la historia, ver lo que esa persona escribió o sintió, eso llega de otra manera. Ya no es información, es emoción.

Además de la exposición permanente, trabajamos en temáticas más actuales de DDHH, porque es un asunto de interés constante. Junto con ello, tenemos exposiciones transitorias, muchas actividades de extensión y académicas.

 

swissinfo.ch:¿Quiénes visitan el museo?¿Cómo ha sido la acogida?

 

R.S: Vienen unas 250 personas a diario, muchos son jóvenes que llegan por su propia cuenta. También gente que ha sido victima y que viene a contar su historia a sus familias o amigos y, sobre todo, mucha ciudadanía que quiere saber lo que sucedió en Chile en la dictadura. Recordemos que en ese periodo había una censura tremenda y los medios de prensa sólo ponían las noticias tal como el régimen militar se los ordenaba. De hecho no hubo prensa disidente hasta los años 80 y el acceso no era fácil.

A mi juicio, lo más emotivo es ver cómo sale la gente, algunos ni siquiera son capaces de recorrer la muestra completa, quedan conmocionados. En general, hay mucha reflexión, sobre todo en los jóvenes, que salen con la convicción de que harán todo lo posible para que esto no ocurra de nuevo.

 

swissinfo.ch: Sin embargo, su construcción ha generado críticas en ciertos sectores.

 

R.S: Las críticas han apuntado, más que a su construcción, al por qué se limitó el periodo; desde el golpe militar (11 de septiembre del 73) al 11 de marzo del 90, con la recuperación de la democracia. Si bien es cierto, tiene total sentido hacerlo así, porque lo que ocurrió en la dictadura fue dramático y da para mucho más que un museo. Además hay toda una historia cruzada con cosas universales, como la solidaridad que vino de diversas partes del mundo. También porque fue la recomendación de las Comisiones de Verdad y Reconciliación, (Informes Rettig y  Valech) que investigaron las violaciones a los DDHH en el gobierno militar. Estos documentos recomendaron, como una medida de reparación, dar a conocer las vivencias de las víctimas y sus familiares. Y éste fue el lugar que la ex presidenta Michelle Bachelet definió para hacerse cargo de esta medida reparatoria.

swissinfo.ch: Siendo una obra emblemática de la ex Presidenta Bachelet, ¿Cómo ha sido la actitud del nuevo Gobierno frente al museo?

 

R.S: Creo que éste no es un tema fácil para el gobierno de derecha, porque algunos de sus colaboradores, incluso algunas de sus autoridades, estuvieron comprometidos con la dictadura. Pero también hay mucha gente que está ahora en el gobierno, sobre todo los más jóvenes, que tienen una mirada muy crítica de lo que pasó en la dictadura, en especial en el tema de los DDHH. Estas dos posturas han producido un cierto equilibrio. 

Pienso que el Presidente Piñera es parte importante del compromiso de mantener abierto este lugar, porque entiende que lo que sucedió es deleznable, y que un lugar así fortalece su propio gobierno. Entonces, la relación ha sido compleja, pero es entendible y espero que con el tiempo fluya con mayor naturalidad, pues se ha ido aceptando, ciudadanamente, que este museo tiene una importancia, una misión, y que al país le hace bien que exista.

 

swissinfo.ch: ¿Cómo enfrentaron el recorte presupuestario que tuvieron en 2010?

 

R.S: Fue difícil sortearlo, porque a días del terremoto, habíamos recibido la visita de una autoridad de Gobierno para ver in situ el nivel de los daños, quien se comprometió a no hacer recortes, aunque advirtió que no podrían hacer un aporte mayor. Pero al poco tiempo de iniciar las reparaciones, nos avisaron de un recorte de casi el 20 % del presupuesto, que iba para la reconstrucción del país. Fue duro de asumir; no estábamos en condiciones de entregar aporte porque lo necesitábamos para nuestra propia reconstrucción. Así y todo logramos reabrir en óptimas condiciones. Sí, fue un momento de tensión, que afortunadamente no ha vuelto a ocurrir. 

 

swissinfo.ch: Pero como fundación, también pueden recibir aportes privados…

 

R.S: Sí, pero en este año de existencia -con seis meses de cierre- hemos vivido casi exclusivamente con el financiamiento público establecido por la Ley de Presupuesto de La Nación, que este año fue de $3 millones de dólares. Con la envergadura del museo, ese monto sirve para abrir sus puertas, pero es insuficiente para las actividades de extensión y los múltiples proyectos que tenemos en carpeta, y que los propios usuarios demandan.

Por eso empezamos una campaña de búsqueda recursos, aunque entiendo también que a muchos empresarios en Chile -más que en el exterior- les va a costar mucho hacer una donación. Sabemos que hay una parte de la sociedad que está en contra de esta historia y del museo, que justifica las violaciones a los DDHH en  la dictadura y que si bien es un grupo reducido, es poderoso. No todos van a atreverse a ser solidarios, sin embargo, ha habido muestras generosas y esperamos que en el tiempo, donar a una institución de este tipo no cause ningún problema.

Era Pinochet

El presidente demócrata-cristiano Eduardo Frei (1964-1970) inicia una era liberal que lleva a la elección del socialista Salvador Allende en 1970.

Empujado por la derecha católica, la economía y los Estados Unidos, el general Pinochet toma el poder el 11 de septiembre de 1973 (Allende fue encontrado muerto en el palacio presidencial).

De acuerdo a organizaciones humanitarias, 3.000 personas murieron o desaparecieron entre 1973 y 1990, y cerca de 30.000 fueron torturadas.

En 1990, Augusto Pinochet cede la presidencia y se proclama senador viatalicio, lo que le confiere la inmunidad.

En 1998, Pinochet fue detenido en Londres, por una orden de arresto de la justicia española.

Murió el 10 de diciembre de 2006, irónicamente, en el Día Internacional de los Derechos Humanos.

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Datos clave

De 1973 a 1990 (partida de Pinochet de la presidencia), Suiza inscribió en sus registros 5.828 solicitudes de asilo de ciudadanos chilenos.

De 1973 a 2005, 2.469 chilenos se han naturalizado suizos.

A finales de 2005, Suiza contaba con 3.564 residentes chilenos.

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Romy Schmidt Crnosija

Abogada, académica e investigadora, nació en Santiago en 1945. Su bisabuelo llegó desde Suiza, a principios del siglo pasado, a trabajar en el mineral el Tofo, en el norte de Chile. Ha viajado varias veces al país alpino, visitando familiares.

Fue ministra de Bienes Nacionales en el gobierno de Michelle Bachelet hasta enero de 2010, cuando asumió como directora del Museo de La Memoria y Los Derechos Humanos.

Es co-directora de Diplomado Internacional de Derechos Humanos, Pedagogía de la Memoria y Políticas Culturales de la Fundación Henry Dunant para América Latina. Este año se realiza en el museo la segunda versión de este diplomado, que cuenta con el apoyo de la Embajada de Suiza en Chile.

Está casada con el sociólogo y político Antonio Leal, detenido durante el régimen militar y posteriormente, exiliado en Italia.

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