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Suiza debería integrar mejor a los hijos de la inmigración

“Cuando eres niño extranjero tardas en comprender que no formas del todo parte de la sociedad de acogida. Crees que eres igual a todos los demás”: Avdili © Thomas Kern/swissinfo.ch
Serie Inclusión, Episodio 1:

Con ocasión del Día de la Democracia presentamos a dos personas que quieren ampliar los derechos de participación política en Suiza: Përparim Avdili y Zaira Esposito.

Este contenido fue publicado el 15 septiembre 2022 minutos

El político liberal Përparim Avdili, del Partido Radical Democrático, cree en el trabajo individual. Por eso defiende la naturalización facilitada y el derecho de voto para los extranjeros.

Las conversaciones de los parroquianos giran en torno a la atención y la autorrealización en el tiempo de ocio, temas que sintonizan muy bien con este lugar, una explanada de una antigua nave industrial reconvertida en café. Aquí, Përparim Avdili, de Zúrich, emplea un vocabulario que muchos políticos en Suiza se limiten a verbalizar en sus discursos de la Fiesta Nacional del 1º de agosto.  

“Suiza es una nación-voluntad. La lengua o la pertenencia a un grupo étnico no nos define. Lo que nos caracteriza como pueblo es nuestra voluntad por aspirar a la libertad y la democracia”, opina. En la ciudad de Zúrich, un tercio de la población no posee el pasaporte helvético. En el promedio nacional este porcentaje se sitúa en el 25%, unos 2,24 millones de personas. “Entre ellas también hay muchas que nunca han vivido fuera de Suiza”, sostiene Avdili, que exige que su país se ofrezca a los residentes extranjeros y les pregunte: “¿Queréis ser suizos?”.

SWI swissinfo.ch-Serie 'inclusión política'

Las democracias de todo el mundo están en crisis. Desde hace unos 15 años, existe una tendencia hacia el autoritarismo y las dictaduras.

Suiza, en cambio, es un remanso de estabilidad. Casi todos los partidos se sientan juntos en el gobierno, nunca hay elecciones anticipadas y, sin embargo, los ciudadanos con derecho a voto pueden votar sobre distintas cuestiones en iniciativas y referendos con más frecuencia que en cualquier otro país del mundo.

Pero la historia de la democracia suiza es también una historia sobre a quién se permite opinar y a quién no. Cuando se fundó el Estado federal en 1848, solo el 23% de la población tenía derecho a voto, y durante más tiempo en su historia, la democracia suiza excluyó a la mitad de la población: las mujeres solo han tenido derechos políticos durante unos 50 años. Sin embargo, hoy en día, muchos suizos siguen sin poder expresar su opinión.

Quién puede opinar y quién no es políticamente controvertido. Hasta ahora, la clara mayoría de la población suiza siempre ha rechazado una ampliación de los derechos políticos, por ejemplo, a los extranjeros asentados. Como la política y abogada del Partido UDC (Unión Democrática de Centro) Demi Hablützel, que escribe en su artículo de opinión: "Los derechos políticos no son una herramienta para la inclusión".

Pero las democracias tienen que enfrentarse una y otra vez a la delicada cuestión de quién puede opinar y hasta qué punto. Especialmente cuando la democracia liberal ya no es la norma mundial indiscutible, los Estados democráticos deben estar a la altura de sus propias expectativas.

Por eso SWI swissinfo.ch dedica esta serie a la inclusión política. Examinamos los debates y discusiones sobre quién tiene voz en Suiza y en qué medida. Hablamos con expertos. Presentamos a personas y movimientos que trabajan por la plena inclusión política de diversas minorías y personas marginadas en Suiza.

Por cierto, los suizos residentes en el extranjero también estuvieron excluidos durante mucho tiempo: solo se les permitió votar a partir de 1992.

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Suiza, un país receptor de inmigrantes

Avdili está en la treintena, es banquero, diputado local y presidente del PRD de la ciudad de Zúrich. Cree en la libertad, en la propiedad y en el trabajo individual. Son los valores de su partido, que también le han inculcado sus padres. Es precisamente por esta razón que se compromete tanto con los temas migratorios. Avdili está convencido de que una sociedad de rendimiento solo puede existir si garantiza la igualdad de oportunidades a todos.

Para Avdili, Suiza es un país receptor de inmigrantes. “Quienes afirmen lo contrario, están ignorando los hechos.” En su opinión, Suiza tiene un interés económico en la inmigración por la crónica y progresiva falta de mano de obra cualificada. Pero como nación-voluntad, Suiza también tiene un interés en integrar a esas personas, prosigue. Porque esto impide que se formen sociedades paralelas y es lo que al final permite que uno se identifique con el Estado y los valores compartidos. 

Përparim Avdili se presentó por primera vez a las elecciones hace siete años. Su lema: “Më voto” ( “¡Voten por mí!” en albanés). Su idea: que la comunidad albanesa comprendiera que políticamente forma parte de la sociedad. © Thomas Kern/swissinfo.ch

“Como niño crees que eres igual a todos los demás”

De niño, Avdili ya jugaba en la nave industrial abandonada que hoy es un café, ante el cual nos encontramos. Se crío en este barrio periférico de la ciudad de Zúrich y se ha quedado aquí hasta el día de hoy. Los padres de Avdili inmigraron en los años ochenta de la Yugoslavia socialista. “Cuando eres niño extranjero tardas en comprender que no formas del todo parte de la sociedad de acogida. Crees que eres igual a todos los demás.” Avdili se refiere al pasaporte, el documento que acredita la nacionalidad suiza. Cuando se trataba de buscar un puesto de aprendiz se rumoreaba en el colegio que con la ciudadanía helvética era más fácil encontrar un lugar de formación.

“Esto me parecía raro entonces”, relata Avdili. Pero no se desanimó: a los 16 años de edad solicitó la nacionalidad; y poco después empezó con su actividad política. “Siempre me interesé mucho por la política”, dice. Y ahora afirma como adulto y ciudadano suizo: “La sociedad debería hacer una propuesta a los que se han criado aquí.”

Campaña electoral en albanés

Përparim Avdili ya había llamado la atención siendo un político sin cargo. Hace siete años se presentó por primera vez a las elecciones. Su propaganda electoral, que consistía en un volante, un vídeo y un evento, se dirigía a la comunidad albanófona. Su lema era: “Më voto”, que significa “¡Voten por mí!” en albanés. Esta campaña tuvo mucha resonancia, pero también levantó voces críticas que decían que los que poseen la ciudadanía suiza ya dominan una lengua nacional por lo que era innecesario dirigirse a ellos en un idioma extranjero. 

Se trataba por supuesto de una campaña electoral dirigida a los suizos y suizas de procedencia albanesa. Avdili quería que sus compatriotas de la comunidad albanesa comprendieran que ellos políticamente formaban parte de la sociedad. “He conseguido politizar a mucha gente”, señala Avdili.

En la actualidad, los derechos políticos están asociados a la ciudadanía casi en todo el territorio nacional, también en el ámbito local. Esto significa que se rigen por el principio de la exclusión. Las condiciones para acceder a la ciudadanía helvética son estrictas. Quienes la deseen, tienen que haber residido de forma ininterrumpida durante al menos diez años en el país y durante cinco años en el mismo municipio, además de aportar miles de francos para la tramitación de la solicitud, superar exámenes y, en algunos cantones, presentarse ante la asamblea municipal, como si de un dictamen se tratara. Los que ya poseen la ciudadanía, son quienes deciden si aprueban o no la solicitud de naturalización del candidato o la candidata. 

Voto extranjero y aumento de la participación política

Muchos de los que han superado el arduo procedimiento de naturalización se preguntan por qué otros lo deben tener más fácil que ellos. Esta reflexión es la razón por la que muchos de los naturalizados ven con ojos críticos la propuesta de facilitar el acceso a la nacionalidad o incluso al derecho de voto para los extranjeros, explica Avdili. Él, por su parte, ve en el voto extranjero en el ámbito comunal una posibilidad para incluir a los extranjeros en el proceso político en Suiza. 

“El que quiera decidir sobre la Constitución federal debe ser suizo, porque aquí se trata de asumir una actitud colectiva como nación.” Sin embargo, los temas que se debaten al nivel municipal atañen a todas las personas, con independencia de su pasaporte, argumenta Avdili. Se refiere a asuntos como un nuevo estadio o un nuevo colegio o la limitación de la velocidad del tráfico a 30 kilómetros por hora.

El voto extranjero supondría para Avdili una invitación de Suiza a todos los conciudadanos para que sean partícipes de la democracia. En su opinión, los residentes extranjeros ya forman parte de la sociedad: “Tienen hijos que van a la escuela y participan de la vida asociativa. Y como contribuyentes también aportan algo en el plano financiero”, expone Avdili, que propugna la idea de abrir las puertas de la participación a los ciudadanos extranjeros tras cinco años de residencia en el mismo lugar, un período en muchos casos suficiente para que se genere una cantidad considerable de ingresos fiscales.

“Tal y como yo entiendo la democracia, el proceso político funciona mejor cuántas más personas participan en él”, afirma. Avdili habla muy deprisa antes de hacer una pausa y añadir como si estuviera pensando en voz alta: “En el fondo, esta debería ser la postura común de todos los partidos políticos.”

¿Una cuestión política entre la izquierda y la derecha? 

Avdili defiende esta posición “muy liberal” sobre todo en el seno de su propio partido. Cree que también los políticos de la izquierda tendrían que aportar más para convencer a la gente. El Partido Socialista (PS) y Los Verdes están a favor de conceder el derecho de voto a los extranjeros, al menos programáticamente. Pero Avdili tiene sus dudas de si los votantes de izquierda comparten esta posición. Cuando en el cantón de Zúrich se votó hace diez años sobre la introducción del voto extranjero en el ámbito municipal, el electorado lo rechazó. “Y el electorado zuriquense suele votar mayoritariamente a verdes y socialistas.”

© Thomas Kern/swissinfo.ch

El cantón de Neuchâtel conoce el derecho de voto de los extranjeros en el ámbito comunal desde el año 1849. En este cantón, la participación de los residentes extranjeros en el escalón municipal es tan antigua como el propio Estado federal. Avdili no se atreve a vaticinar un pronóstico para el caso de Zúrich. “Creo que la gente es capaz de cambiar de postura en este asunto si se les habla de valores.” Pero aún más importante para él es que el país reciba con los brazos abiertos a los hijos de la inmigración. “De los adultos que vienen a vivir a Suiza exijo que acrediten su integración exitosa, pero no de los hijos de inmigrantes que se han criado aquí.”

Adaptado del alemán por Antonio Suárez Varela

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