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Copenhague, ni blanco, ni negro, según Suiza

El ministro Moritz Leuenberger (derecha) y el jefe de la delegación suiza,Thomas Kolli. Keystone

Es la consideración del ministro de Medio Ambiente de Suiza, Moritz Leuenberger, tras el fin de la conferencia de Copenhague, considerada como una cumbre esencial para el futuro de la humanidad ante el desafío climático.

Este contenido fue publicado el 19 diciembre 2009 - 16:05

La Cumbre de Copenhague debía haber concluido a las 18:00 horas del viernes. A las 22:00, un oficial estadounidense fue mencionado por una agencia informativa anglófona con el anuncio de que se obtuvo un acuerdo “significativo” pero “insuficiente para combatir la amenaza del cambio climático”, bajo la batuta del presidente Barack Obama.

A las 10:00 horas de este sábado, y luego de que Obama, Lula y otros jefes de Estado ya habían partido de Copenhague, se anuncia que la asamblea de 193 países “toma nota” de este acuerdo mínimo que permite a los 120 jefes de Estados venidos a Dinamarca presentar algo ante el mundo.

De este modo, la cumbre sobre cambio climático organizada por Naciones Unidas evitó el fracaso el sábado al "reconocer" formalmente un nuevo acuerdo impulsado por el líder estadounidense Barack Obama y las potencias emergentes, incluyendo a China.

Pacto no vinculante

"Finalmente sellamos un acuerdo", expresó el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. "El 'Acuerdo de Copenhague' puede no ser todo lo que todos habían esperado, pero esta decisión (...) es un comienzo importante", argumentó.

Sin embargo, la decisión tras la maratoniana reunión sobre el cliama de 193 naciones sólo "tomó nota" del nuevo acuerdo, un pacto no vinculante para luchar contra el calentamiento global negociado por Estados Unidos, China, India, Brasil y Sudáfrica.

Las 193 naciones no apoyaron completamente el plan, que establece una meta para limitar el calentamiento global a un aumento máximo de 2 grados centígrados sobre niveles preindustriales.

También ofrece la posibilidad de un fondo de financiación de 100.000 millones de dólares en asistencia anual a naciones en desarrollo para 2020.

El plan no especifica los recortes de emisiones de gases necesarios para limitar el calentamiento en 2 grados centígrados, considerado el umbral para los peores efectos del cambio climático que incluyen masivas inundaciones, sequías, aludes, tormentas de arena y aumento del nivel de los mares.

En una tormentosa sesión durante la noche, los diálogos llegaron al borde del colapso, después de que Sudán, Nicaragua, Cuba, Venezuela y Bolivia se unieran para denunciar el plan liderado por Estados Unidos tras la retirada de cerca de 120 líderes mundiales al terminar la cumbre el viernes.

Las negociaciones de la ONU deben operar bajo consenso. Bajo un compromiso para evitar el colapso, la decisión final daría a conocer una lista de los Estados a favor de un acuerdo y aquellos en contra.

De contrastes

Para Suiza, el resultado de Copenhague es a la vez un “éxito” y un “fracaso”, según el ministro Leuenberger.

“Es un éxito bajo en el contexto de la política climática. La mayoría de los países, entre ellos, una gran parte de países emergentes y en vías de desarrollo, se comprometieron a descender sus emisiones, lo que no hubiese sido posible hace dos años”.

Pero Copenhague también es un fracaso, en opinión del ministro suizo de Medio Ambiente: “Hubiésemos querido que todos los países fueran obligados a bajar sus emisiones [un acuerdo jurídicamente obligatorio que volverá a buscarse en México el año próximo], y que constituiría un mecanismo de control y de financiamiento para todo el mundo. Lamento que Copenhague no lo logró establecer.”

Sobre el control de los compromisos de reducir las emisiones y del uso de fondos de apoyo, el resultado es modesto. “Tenemos un compromiso, los países concernidos se declararon de acuerdo en ser controlados. Falta el sistema exacto de control, los trabajos al respecto deben continuar".

Globalmente, Copenhague no está al nivel de las expectativas de Suiza, indica el ministro, “pero se dieron pasos muy importantes para la política climática. El fracaso lo veo en la gestión de las reuniones, en la voluntad de la ONU que quería resolver todos los problemas aquí, desde la pobreza, hasta la guerra y las injusticias. Había demasiado en este paquete, como para resolverlo".

Reforma institucional

Juzgando que las Naciones Unidas son el único sistema posible para tratar el desafío global del cambio climático, Moritz Leuenberger desea que se alcance una reforma institucional. “El concenso es, tal vez, un sueño que debe dejare de lado. Subsistirán siempre minorías que rechacen un acuerdo. Tal vez hay que tomar el ejemplo de países como Suiza, que sabe sumar a las minorías a los procesos para evitar dictados”.

Por su parte, las organizaciones civiles se dicen descepcionadas, explica Patrick Hofstetter, del WWF Suiza. Copenhague quedará en la historia como la posibilidad errada de un acuerdo climático que impusiera obligaciones”.

Pierre-François Besson, Copenhague, swissinfo.ch
(Traducción: Patricia Islas Züttel)

Acuerdo en breve

El documento, de tres páginas, fija como objetivo reducir el calentamiento global en 2°C respecto a la era preindustrial.

Prevé un fondo especial de 30.000 millones de dólares para tres años destinado a ayudar a los países en desarrollo a afrontar las consecuencias del cambio climático. El fondo deberá alcanzar los 100.000 millones de dólares de aquí a 2020.

Los países industrializados y las naciones en desarrollo deben notificar por escrito, de aquí a enero próximo, sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Se instaurará un sistema que garantice la transparencia de su puesta en práctica.

La cumbre de Copenhague ha renunciado al objetivo de reducir en un 50% las emisiones de aquí a 2050.

La conclusión de un acuerdo completo y jurídicamente vinculante se posterga a fines de 2010 (conferencia de México). De aquí a esa fecha es probable que se celebre una conferencia intermedia en Bonn (Alemania).

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Críticas

Si algunas naciones se oponen, el acuerdo sólo sería adoptado por sus partidarios, que actualmente están integrados por un grupo de países que producen más de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Muchas naciones dijeron que el acuerdo está lejos de las ambiciones de la ONU para la cumbre, planeadas como un punto de inflexión para impulsar al mundo hacia la energía renovable y lejos de los combustibles fósiles.

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