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El rostro cambiante de la Ginebra internacional

La guerra en Ucrania nutre la próxima crisis alimentaria mundial

El número de personas que pasan hambre en el Cuerno de África podría aumentar este año de 15 a 20 millones, pues la región se enfrenta a su peor sequía en 40 años. La guerra en Ucrania ha disparado el precio del trigo, generando mayor tensión en esta región que, en gran medida, depende de las importaciones de Ucrania y Rusia. Keystone / Claire Nevill

La guerra en Ucrania ha interrumpido el suministro mundial de alimentos, combustible y fertilizantes. Y esto en el continente africano ha empeorado la situación de millones de personas, así como la de las agencias de desarrollo que se esfuerzan por socorrerlas.

Este contenido fue publicado el 20 mayo 2022 - 09:00

A principios de año el Cuerno de África se enfrentaba a su tercera sequía grave en una década. En los últimos años la región ya ha sufrido una plaga de langostas del desierto, la pandemia de la COVID-19, los altos precios de la comida y los incesantes conflictos que la hacen especialmente vulnerable ante una nueva crisis.

La FAO, la organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, teme que si no se amplía rápidamente la ayuda a la región vaya a producirse una catástrofe humanitaria. Tenía previsto apoyar durante los próximos seis meses a 1,93 millones de personas en las comunidades rurales para así evitar que la situación de hambre en Etiopía, Somalia y Kenia se deteriore todavía más.    

“Desde principios de año, la situación ha empeorado”, dice David Phiri, coordinador subregional de la FAO para África Oriental. La temporada de lluvias —que va de marzo a mayo—ha traído hasta ahora a esta región, que se enfrenta a su peor sequía en 40 años, precipitaciones por debajo de la media.   

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) advierte de que este año el número de personas hambrientas en el Cuerno de África podría aumentar de 15 a 20 millones. Mientras tanto, en África Occidental y Central más de 40 millones de personas podrían no poder hacer frente a sus necesidades más básicas de comida.  

“Se han dado diferentes factores juntos y han originado un fuerte deterioro de la seguridad alimentaria en la región”, según el alto funcionario de investigación, evaluación y seguimiento para África Occidental y Central en el PMA, Ollo Sib, quien añade: “Todo esto era antes de la guerra en Ucrania”.

Impacto de la invasión de Ucrania

La guerra en Ucrania ha interrumpido las cadenas mundiales de suministro y ha elevado a niveles récord los precios de los alimentos, el combustible y los fertilizantes.

El índice de precios de los alimentos de la FAO, que analiza los precios mundiales de una cesta de productos básicos, alcanzó un máximo histórico en febrero, y de nuevo en marzo. El crecimiento mensual (un 12,6 % en febrero-marzo) fue el segundo más alto de la historia (el índice se fundó en 1990). En abril, el índice se estabilizó ligeramente por debajo de su máximo.

El aumento se ha visto impulsado por el precio de los cereales y aceites vegetales que, por el impacto de la guerra en Ucrania, se han disparado en las cadenas de suministro. Rusia y Ucrania son los principales exportadores de cereales, como el trigo, el maíz, y aceites vegetales, como el de girasol. Rusia también es uno de los principales exportadores de fertilizantes.

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“La interrupción de la cadena de suministro es un desastre para los países de África Occidental”, afirma Sib. La región depende, en gran medida, de las importaciones y, más en concreto, de comida y fertilizantes que proceden de Ucrania y Rusia.

La subida del precio del trigo ya ha repercutido en la población de la región. “En algunos países el valor del pan ha aumentado un 20 %. Es una señal importante, porque el pan sigue siendo el alimento principal para las personas más vulnerables, especialmente las que viven en zonas urbanas”, constata Sib.

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Pero el alto coste del combustible y los fertilizantes también amenaza con trastocar todavía más en el futuro la situación alimentaria de la región.   

La mayoría de los agricultores de África Occidental y Central dependen de los gobiernos para obtener fertilizantes subvencionados. Sib considera que muchos gobiernos no podrán pagar los precios inflados. Si los agricultores no pueden sufragar los fertilizantes y el combustible que necesitan este año, la producción de comida también se verá afectada el año que viene.

Contratiempos para las organizaciones humanitarias

Las agencias de ayuda humanitaria también han sentido el impacto de la interrupción de las cadenas de suministro y el aumento de los precios.

El PMA compraba más de la mitad de su grano a Ucrania y Rusia. Y ahora, para llegar al mismo número de personas que antes de la guerra, la organización gasta 71 millones de dólares (71 millones de francos) más al mes. Con ese dinero se podría alimentar durante un mes a cuatro millones de personas.

El PMA apoya a las comunidades de los países asolados por la guerra. En Yemen, de una población de 31 millones de personas, 13 millones dependen del PMA para comer.    

Para Sib, las actividades del PMA en África Occidental y Central también han comenzado a resentirse. La agencia apoya los programas nacionales de alimentación escolar que funcionan de forma independiente. Pero ahora algunos gobiernos que ya no pueden permitirse ciertos alimentos se dirigen al PMA en busca de ayuda extra, según él. 

El PMA también distribuye dinero en efectivo para que la población de la región pueda comprar comida pero, en la práctica, con la subida de los precios el poder adquisitivo de estas personas ha disminuido.

Proteccionismo alimentario

Phiri y Sib temen que, ante el incremento de los precios, la comunidad internacional reaccione involucionando, como lo hizo en los primeros días de la pandemia de la COVID-19. Los países podrían priorizar lo que para ellos es mejor a corto plazo e ignorar lo que a largo plazo es mejor para el mundo.

“Estas dos crisis, la de la pandemia y la de Ucrania, han demostrado la tendencia de muchos países a apostar por el proteccionismo”, afirma Sib.

Algunos países, como Rusia y Ucrania, han restringido o prohibido las exportaciones de trigo para proteger su abastecimiento interno. La India —el segundo productor mundial de trigo— ha aumentado sus exportaciones para cubrir el vacío que ha dejado la guerra en Ucrania. Pero ahora se teme que las temperaturas inusualmente altas que en el país se han registrado en marzo y abril puedan afectar a su producción de trigo y llevar a las autoridades a adoptar restricciones.     

Indonesia, que produce más de la mitad del aceite de palma del mundo, anunció el mes pasado que prohíbe exportar este aceite vegetal: el que más se comercializa en el mundo.

Según datos del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFRI), 19 países han impuesto la prohibición de exportar alimentos, lo cual representa el 12 % del comercio mundial de comida en términos de calorías.

Todo el sistema de la ONU —desde su secretario general hasta los directores del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el PMA y la Organización Mundial del Comercio (OMC)— ha pedido a los gobiernos del mundo que levanten las prohibiciones y restricciones a las exportaciones y mantengan abiertos los mercados de alimentos y energía.

51 de los 164 Estados miembros de la OMC (incluidos Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea) el 6 de mayo emitieron una declaración por la que se comprometen a hacerlo. Pero entre esos países no se encontraban importantes productores como India, Indonesia, Brasil y Argentina.

Fondos suficientes a tiempo

A finales de 2021 la ONU estimó que 274 millones de personas en todo el mundo necesitarían ayuda humanitaria en 2022. Esa cifra probablemente sea bastante más alta ahora.

“Antes de que estallara la guerra en Ucrania, el sufrimiento humano mundial ya no tenía precedentes”, señala Jan Egeland, secretario general de la ONG Norwegian Refugee Council (NRC).

El PMA y la FAO están volviendo a evaluar sus necesidades para el resto del año. “A medida que la situación se deteriora, el número de personas en situación de inseguridad alimentaria sigue aumentando”, cuenta Sib.

Phiri, por su parte, dice: “Nuestro plan de respuesta inicial era verdaderamente preventivo. Pero ahora hemos llegado a un punto en el que tenemos que responder a un problema que va en aumento”.

Se sigue luchando por recaudar suficiente dinero y con la rapidez necesaria. Así, el mes pasado la ONU coorganizó un evento de donantes —que fue francamente exitoso— para la sequía en el Cuerno de África. Los donantes igualaron prácticamente la cantidad que habían solicitado las agencias humanitarias. Pero no todas las crisis han tenido el mismo nivel de apoyo. Un llamamiento similar para Yemen a principios de este año recaudó menos de un tercio de la cantidad que las agencias humanitarias habían pedido.  

“Debemos asegurarnos de que para cubrir las carencias de Ucrania los países donantes no retiren fondos de los presupuestos para ayudar en otras crisis, ya que esto tendría consecuencias importantes para millones de personas”, explica Egeland.

Tanto para Phiri como para Sib el hambre genera conflictos, por lo que es importante no solo responder a las actuales necesidades humanitarias, sino también invertir en desarrollo para construir sistemas fuertes.

“Si no se consigue estabilidad política, será difícil alcanzar los objetivos de seguridad alimentaria”, afirma Sib.

Con información adicional de Abdelhafidh Abdeleli. Visualización de datos, Pauline Turuban.

Traaducido del inglés por Lupe Calvo

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