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Las posibilidades de paz entre Biden y Putin

La cumbre entre los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y de Rusia, Vladimir Putin, prevista para el 16 de junio en Ginebra, no será fácil. No obstante, según el experto de GSPCEnlace externo Marc Finaud, ofrece una oportunidad inédita para reducir las tensiones, reactivar el desarme y facilitar la cooperación ante las amenazas que se ciernen sobre el mundo.

Este contenido fue publicado el 15 junio 2021 - 09:54

Ginebra, la ciudad de la paz, vuelve a dar la bienvenida a los líderes de Estados Unidos y Rusia. Si echamos la vista atrás, hay motivos para el optimismo. De hecho, las anteriores cumbres en Ginebra han dado lugar a acuerdos relevantes. La de 1955, entre Eisenhower y Jruschov, no logró resolver la reunificación de Alemania ni la retirada de la OTAN que exigía la Unión Soviética, pero sí allanó el camino, gracias a la colaboración de Francia y Gran Bretaña, para la creación del Comité de Desarme de las Diez Naciones, que luego se convertiría en la Conferencia de DesarmeEnlace externo que aún existe en Ginebra.

La cumbre de 1985 entre Reagan y Gorbachov también se inició en un contexto de tensiones. El entonces líder soviético confesó posteriormente: "Abordamos la reunión de Ginebra con realismo, sin expectativas excesivas, pero sí esperábamos sentar las bases para un diálogo serio en el futuro”. La principal manzana de la discordia, el ambicioso programa estadounidense "Star WarsEnlace externo", que los soviéticos temían, no condujo a un acuerdo inmediato, pero impulsó la negociación del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (FNI), que llevaba estancado en Ginebra desde 1980 y que pudo firmarse dos años después [1987].

Aumento de las tensiones

La reunión de 2021 entre Joe Biden y su homólogo ruso Vladimir Putin no arranca ciertamente bajo los mejores auspicios: hay múltiples motivos de desacuerdo entre ambos países. Involucrada en la guerra civil en Siria junto al régimen de Assad, Rusia ha luchado contra los aliados de Estados Unidos y los europeos. Rusia se anexó Crimea y sigue ejerciendo presión militar sobre Ucrania y sus vecinos de la OTAN (Estados bálticos, Polonia). Ha sido acusada además de interferir en las elecciones estadounidenses y en algunos países europeos. Y Biden ha amenazado al Kremlin con sanciones si el opositor ruso Alexéi Navalny desaparece. Putin ha lanzado espectaculares programas de armamentoEnlace externo que los estadounidenses consideran ofensivos y desestabilizadores. De hecho, Moscú ha apostado por una política que es tanto oportunista –porque aprovecha la retirada estadounidense de Oriente Medio bajo la presidencia de Trump – como asimétrica, dado que su presupuesto militar es inferior al 10% del del Pentágono, pero que le permite compensar la supremacía estadounidense.

Si prevalece el realismo en ambas partes, los dos líderes deberían aprovechar la oportunidad si no para resolver todas sus diferencias, sí para reanudar el diálogo y la negociación para llegar a acuerdos en los que todos salgan ganando. En el tema de la no proliferación y control de armas, ya pueden celebrarse dos avances: el anunciado regreso de Estados Unidos al Acuerdo de Viena sobre el programa nuclear iraní (JCPOAEnlace externo) y el consiguiente levantamiento de las sanciones estadounidenses contra Irán, que debería permitir restablecer las restricciones al programa iraní y, a medio plazo, las conversaciones regionales sobre seguridad, misiles balísticos e intervención en conflictos en Oriente Medio.

Otro avance importante es la prórroga por cinco años del Nuevo Tratado START de 2010Enlace externo sobre armas nucleares ofensivas acordado a principios de este año. Esto debería aprovecharse para lanzar nuevas negociaciones (¿en Ginebra?) sobre un acuerdo que reemplace el citado tratado. Se espera que la cumbre sea la ocasión para que los presidentes aborden el tema y lo integren en la agenda.

El desafío es grande: los rusos pretenden incluir los sistemas no desplegados y sobre todo los sistemas defensivos a los que los estadounidenses son reacios. Los estadounidenses podrían exigir, por primera vez, que se discuta no solo el tema de las armas estratégicas (disparadas desde un país y dirigidas al otro), sino también las llamadas armas tácticas en Europa, que Rusia retiene en un número mucho mayor (cerca de 3 000) que Estados Unidos (alrededor de 100). La desaparición del Tratado INF provocada por Trump – que eliminaba los misiles balísticos y de crucero de ciertos tipos – también recobra relevancia con Biden. Se espera que los europeos alienten las negociaciones para retirar armas estadounidenses, a cambio de la retirada o el desmantelamiento de los sistemas rusos.

El desafío de Biden será analizar la doctrina nuclear estratégica y fijar una posición que lo distancie de su predecesor. Las negociaciones internas en Estados Unidos, en las que el Pentágono, el Congreso y lobby de militar-industrial juegan un papel decisivo, no se completarán en la cumbre y el margen de maniobra del presidente estadounidense frente a Putin será limitado. Se sabe Biden está tentando virar la doctrina estadounidense hacia el “no first use”, lo que reduciría aún más el riesgo de guerra nuclear. A lo sumo, podrá calibrar la reacción del presidente ruso para convencer en casa a quienes se oponen y también a los países aliados.

Reducir el riesgo de escalada

Hay otros aspectos de la relación estratégica entre Estados Unidos y Rusia (el espacio, las nuevas tecnologías, el papel de China, etc.) que son complejos, al igual que lo es la cuestión de las violaciones de los derechos humanos que Biden pretende plantear. Pero la prioridad debe ser reducir el riesgo de escalada de un conflicto clásico, que puede estallar en cualquier momento en la zona entre la OTAN y Rusia.

Por ello, es importante desarrollar las medidas de confianza y transparencia adoptadas dentro de la OSCEEnlace externo y relanzar el Tratado sobre Fuerzas Convencionales en EuropaEnlace externo (FACE), que sigue suspendido debido a los conflictos en Moldavia, Georgia y Ucrania. Expertos estadounidenses, europeos y rusos han formulado recomendaciones al respecto. Ya es hora de que los dos líderes las pongan en práctica, ya que Rusia anuncia refuerzos en su frontera occidental.

Por otro lado, es lamentable que los dos países se retiraran a iniciativa de Trump del Tratado de Cielos AbiertosEnlace externo, cuyo concepto fue lanzado por Eisenhower en la cumbre de 1955. Revertir esta decisión en Ginebra sería altamente simbólico.

Las conversaciones entre Biden y Putin no serán fáciles debido a la desconfianza que caracteriza sus relaciones personales. Cuando era vicepresidente, Biden dijo de Putin: "no tiene alma"Enlace externo. Como presidente, calificó a Putin de "asesino"Enlace externo, en referencia al presunto envenenamiento de opositores atribuido al Kremlin. Reagan se refirió a la URSS como el "imperio del mal", George W. Bush llamó a Putin un "tipo frío", y el secretario de Defensa Robert Gates lo calificó como un "asesino frío como una roca". Sin embargo, estos epítetos no han impedido que las relaciones entre los líderes se hayan mantenido pese a los altibajos. El objetivo expresado por BidenEnlace externo es realista y alcanzable si hay voluntad en ambas partes: "construir una relación estable y predecible con Rusia que sea coherente con los intereses estadounidenses".

Los intereses comunes

No son pocas las áreas con potencial para la cooperación bilateral: desde la lucha por el desarrollo sostenible y contra el terrorismo, hasta la acción contra el cambio climático, desde la lucha contra la pandemia hasta el proceso de paz en Oriente Medio.  Ante estos retos globales, el mejor resultado que podría arrojar la cumbre bilateral es la decisión de fortalecer la colaboración de ambos países en el marco multilateral, lo que devolvería a Ginebra un papel protagonista.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen exclusivamente al autor y no reflejan necesariamente la posición de swissinfo.ch.

Traducción del francés: Andrea Ornelas

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