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La sociedad tiene los jóvenes que merece

Con la creciente urbanización los jóvenes carecen de los espacios necesarios para su desarrollo. imagepoint

Una estadística que se remonta hasta 1946, publicada en septiembre, muestra que se ha triplicado el número de jóvenes (15-18 años) enfrentados a la justicia, pero un 98% de total no tiene problema alguno.

Este contenido fue publicado el 17 septiembre 2007 - 12:31

Los especialistas reaccionan con prudencia. Estiman que el crimen no se reduce a estadísticas, pero que tampoco hay que banalizarlo.

Esas cifras son divulgadas en plena campaña electoral (los suizos eligen su Parlamento el 21 de octubre), cuando la derecha populista insiste en el sentimiento de inseguridad.

Por su parte, la 'gente de campo': profesores, jueces y policías, se unen para advertir contra las generalizaciones. Es el caso de Mireille Reymond, presidenta del Tribunal para Menores del cantón de Vaud.

Si las infracciones aumentan es porque la gente está más dispuesta a llamar a la policía. "En otros tiempos los padres arreglaban ciertas cosas entre ellos, como las peleas en los corredores de la escuela. Actualmente, eso llega más a menudo hasta el juez, porque la gente se conoce menos", explica a swissinfo.

Y luego, con la urbanización creciente, los jóvenes carecen de espacio para liberarse y aprender de la vida. "En el campo hacían muchas tonterías que pasaban inadvertidas. En la ciudad hay menos espacio y los adultos intervienen más rápidamente", añade la jueza para menores.

Daniel Fink, de la Oficina Federal de Estadísticas (que publicó este primer estudio cronológico), estima que "la sociedad tiende a delegar la educación de los jóvenes en las autoridades".

"Una fase de la vida"

Globalmente, Mireille Reymond no se inquieta. "La gran mayoría de los delincuentes derrapa una vez y no los vemos de nuevo. Además, después de los 18 años cambian porque saben que los 'juegos' de adolescentes concluyen cuando se hacen adultos".

"La delincuencia juvenil sobreviene durante una fase particular de la vida", confirma Daniel Fink. Porque, según el mismo estudio, la criminalidad no se ha incrementado entre los adultos.

Otra explicación: la aparición de delitos vinculados con "la codicia creada por la sociedad de consumo, donde los jóvenes son el blanco principal de los agentes publicitarios", según Mireille Reymond. Cuando no había teléfonos móviles, MP3, ropa de marca, casi no se daban las extorsiones y había menos robos.

Violencia inquietante

En cambio, el aumento de la violencia es preocupante. Constituye sólo el 10% de las infracciones, pero se duplicó en 15 años. Y la realidad podría ser peor, porque las estadísticas clasifican el bandolerismo -en aumento- con el robo y no con los delitos de violencia.

"No hay que extrapolar diciendo que todos los jóvenes se vuelven violentos, añade Mireille Reymond. Pero tampoco se trata de hacer parecer como triviales los actos graves que provocan grandes sufrimientos".

"Con frecuencia, sino es que siempre, esos actos son producto de jóvenes nacidos en un marco familiar inadecuado. Siendo algo conocido, es menester reaccionar enérgicamente y con un mensaje claro". Si se pretende proteger a la sociedad, la jueza está convencida de que hay que comprender esos actos con el fin de que no se reproduzcan.

"Además, hacen falta soluciones adaptadas a la adolescencia. Para los delitos menores, la prisión no suele ser la buena respuesta para inculcar las reglas de la sociedad".

Lo anterior, en alusión a la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha nacionalista) que exige que el derecho penal de los adultos se extienda a los jóvenes desde 16 años en lugar de 18.

El diputado del cantón de Vaud, André Bugnon ha justificado ese proyecto: "¿La evolución 'negativa' de la sociedad no está vinculada a la evolución del laxismo de la sociedad?"

Un laxismo heredado de Mayo del 68

Christoph Blocher, ministro de Justicia y Policía, miembro también de la UDC, ha acusado igualmente a la escuela de ser la heredera de Mayo del 68 y del culto al "niño-rey".

Una posición que rechaza Jacques de Coulon, rector del Colegio St-Michel de Friburgo y autor de varios libros: "En el caso de la de la escuela, cuya misión es fijar límites, eso ya no es cierto. Quizá lo es un poco en el caso de los padres. A menudo tienden a delegar totalmente su autoridad, sobreprotegiendo a sus hijos, con riesgo de poner en tela de juicio la autoridad de la escuela por ejemplo, con la presentación de quejas".

Lo ideal, según Mireille Reymond, sería que cada uno reasumiera su papel. "¿Si tanto hablamos de menores, no será porque nos preguntamos qué hicimos como adultos?"

Pero para Jacques de Coulon, que es también filósofo, no hay determinismo: "Los jóvenes no son el simple producto de su educación, porque tienen toda la libertad de tomar su vida entre sus manos", declara a swissinfo.

swissinfo, Isabelle Eichenberger
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Datos clave

Las condenas penales de los jóvenes entre 15 y18 años pasaron de 6 por mil en los años 60 a 18 por mil en 2004 (4600).

El 70% son delitos contra el patrimonio, como en los años 50. Los robos simples disminuyeron a la mitad desde 1982 (12.000 a 6.000).

El 10% son infracciones contra la integridad corporal, cifra que se duplicó en 15 años.

El resto concierne la circulación o la droga.

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Contexto

El Convenio de la ONU para los derechos del niño recomienda que se opte por el encarcelamiento sólo como último recurso, que dure lo menos posible y que los menores sean separados de los adultos.

En Suiza, el 20% de los juicios penales desemboca en penas privativas de libertad (el 50% en los años 70). Se privilegia cada vez más la imposición de multas, las medidas ambulatorias y la asistencia educativa.

En Suiza, la edad límite para el encarcelamiento es a partir de los 15 años, pero el cantón de Zúrich pidió que se redujera.

Esa edad límite es desde los 10 años en Gran Bretaña, desde los 12 en los Países Bajos, 13 en Polonia y en Francia. En otros lugares de Europa se sitúa entre 15 y 16 años.

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