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La gran lucha climática desde el interior y al exterior

En Copenhague, los medios atentos al desarrollo de la Cumbre sobre Medio Ambiente de la ONU. AP/Virginia Mayo

En Copenhague, las negociaciones han sido calificadas de “bastantes tensas” por parte de la delegación suiza mientras que fuera, la batalla para el acceso al Bella Center, que acoge la Cumbre sobre el Clima de la ONU, hace rechinar los dientes a las ONG y a los medios de comunicación. Impresiones.

Este contenido fue publicado el 16 diciembre 2009 - 11:12

“¡La ONU; qué vergüenza! La gente que hace cola, incluidos centenares de periodistas y miembros de ONG, está furiosa y lo manifiesta a la entrada del Bella Center. Algunos dejan caer lágrimas de rabia.

Tensa, la policía danesa acaba de anunciar que para entrar habrá que volver a probar suerte mañana. Aquellos que no han podido obtener el pin que da derecho a una acreditación se dispersan. Al final de la tarde de las últimas jornadas cruciales de Copenhague, muchos han esperado hasta ocho horas de pie bajo el frío.

Se escucha el grito a coro de “¡dejadnos entrar!”. Para intentar engatusar a la numerosa y rígida policía danesa desplegada, nada qué hacer. Golpear los pies para calentarse, pasar un paquete de galletas y ganar algunos milímetros. Bastante rápidamente, los miembros principales de las delegaciones nacionales han podido entrar.

Rápidamente también, el cupo límite del Bella Center -15.000 personas-se ha cubierto. A lo largo de las horas, con el rumor de un problema en el sistema de acreditaciones, muchos han abandonado. “¡He cubierto muchas conferencias de la ONU y nunca he visto esto!”, asegura una periodista alemana.

Aunque las ONG son las primeras en ser víctimas del “surbooking” de “Hopenhague”. Su personal representa casi la mitad de las 46.000 personas que se han apuntado. Sobrepasados, los organizadores han anunciado medidas implacables: las ONG no tiene más derecho que a un millar de acreditaciones desde el jueves y solamente a 90 el viernes, jornada crucial de la cumbre con la llegada de los jefes de Estado.

“Se sabe que con las negociaciones no se puede arreglar el cambio climático sin que los dirigentes sientan la presión. Y me preocupa que han quitado la presión en el momento en el que más se necesita”, explicó a los periodistas Ricken Patel, director canadiense de una gran coalición de ONG.

Aunque Rosmarie Bär, representante de Alianza Sud, no ha percibido ninguna intención de reducir las ONG al silencio o de evacuarlas del Bella Center para prevenir una reacción nerviosa al término de la cumbre. “Simplemente lo que falta es sitio”, afirma y subraya el papel que desempeña como contacto. “Yo aporto la visión de la sociedad civil, la voz del Sur en la delegación” suiza.

Presencia de ONG

Un buen número de ONG se presentan en Copenhague. Las más virulentas de entre ellas en el cuestionamiento del sistema de gobernanza mundial y negociaciones de la ONU organizaron una contra-cumbre distante en todo sentido de la reunión oficial.

Las ONG presentes en el Bella Center, por su parte, no participan en las negociaciones propiamente dichas entre las partes nacionales. Pero informan, alertan y ejercen presión, analizan e intentan convencer, manteniendo un contacto más o menos estrecho con los delegados y los medios de comunicación.

La propia negociación resulta de una complejidad rara. Grosso modo, tiene lugar en el ámbito del convenio-marco de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos (CCNUCC) por una parte, y en el del Protocolo de Kyoto, que obliga jurídicamente a los países industrializados a reducciones del 5% en promedio, de sus emisiones de gas a efecto invernadero para el 2012.

Desde hace meses, pero aún más precisamente desde el principio de la cumbre, los negociadores “técnicos” buscan ponerse de acuerdo en distintos grupos sobre una multitud de temas vinculados con la deforestación, las transferencias de tecnologías, la financiación para los países en desarrollo, las emisiones de CO2.

Este proceso de negociaciones pasa por múltiples reuniones oficiales a puerta cerrada y encuentros adicionales para desbloquear los expedientes. Todo ello remonta a continuación al pleno.

Sigue el turno de los jefes de Estado

En los próximos días, los ministros de Medio Ambiente llevarán las negociaciones, antes de la llegada de los jefes de Estado, que intentarán concluir un acuerdo final el viernes o el sábado próximos.

En esta etapa, “la negociación es bastante tensa”, indica José Romero, jefe suplente de la delegación suiza de negociaciones. Es el momento en que pareciera que la multitud de intereses de los países aparecen de modo flagrante. “Nos quedamos hasta las dos y media o tres y media de la mañana en los grupos de discusiones para negociar y escribir los términos del acuerdo”.

En la elaboración de este gran rompecabezas, cada uno plantea sus condiciones ineludibles, conocidas desde hace tiempo. El dinero es un tema destacado para los países en desarrollo, que estiman que no están en medida de aplicar las políticas de reducción de las emisiones de efecto invernadero sin la ayuda financiera y tecnológica de los países industrializados.

Estos últimos aceptan abrir sus bolsillos, siempre y cuando haya transparencia en el uso del dinero. En el seno de los países industrializados, se ha establecido la condición de que Estados Unidos realice los mismos esfuerzos que los otros países efectúan para ratificar el protocolo de Kyoto.

Hacia un acuerdo político

La cumbre podría encaminarse hacia un acuerdo político que adopte los grandes principios sobre el tema, pero parece excluido que se acuerde un paquete de obligaciones a nivel jurídico, que bien pudiera verse como una etapa ulterior.

En el mejor caso, Copenhague podría dirigirse, según José Romero, hacia un “acuerdo sobre la necesidad de acciones en el sector del cambio climático para reducir las emisiones y abordar también un compromiso a nivel financiero”.

De acuerdo con el negociador suizo, de esta reunión saldrá “un mandato para negociar lo más rápido posible tratados vinculantes que den seguimiento al Protocolo de Kyoto (sin Estados Unidos, rechazan pues esta idea) y un tratado sobre el Convenio (para atenuar y adaptarse al cambio climático) que incluya a EE.UU. y a los países emergentes.”

Pierre-François Besson, Copenhague, swissinfo.ch

Copenhague

Desde el 7 de diciembre y hasta el 18 en Copenhague, cerca de doscientos países intentan lograr un acuerdo climático global que suceda o prolongue el Protocolo de Kyoto, en vigor hasta finales de 2012.

Según los climatólogos, al mundo le quedan entre 10 y 20 años para invertir la tendencia al alza de las emisiones de gas de efecto invernadero. De otro modo, sería difícil para los humanos adaptarse a la desestabilización generada por el clima.

El objetivo retomado por Copenhague es reducir las emisiones de gas de efecto invernadero de modo que el aumento global de las temperaturas no sobrepase 2°C con relación a la era preindustrial.

El Giec (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima) considerara necesaria una reducción del 2% al 40% de las emisiones de los países industrializados de aquí al 2020 con relación a los niveles de 1990.

Invita a los países ricos reducir entre 80% y 95% las emisiones de gas de efecto invernadero de aquí al 2050. Y a los países en vías de desarrollo a hacerlo propio en 50%.

El Gobierno propone para Suiza una reducción de al menos 20% de aquí al 2020, con relación a 1990.

Suiza está dispuesta a fijar el objetivo de reducción de 30%, según las conclusiones de la Conferencia de Copenhague

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