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Instalación de Felice Varini en el Castelgrande de Bellinzona

André Morin

Cuatro fotógrafos internacionales, entre los que se encuentra el español Jordi Bernadó, darán fe de tan importante trabajo: una enorme instalación del artista suizo en uno de los castillos de la capital del cantón Tesino.

Este contenido fue publicado el 03 septiembre 2001 - 14:30

Nacido en Locarno (cantón Tesino), pero emigrado a París, Felice Varini siempre ha suscitado gran interés y estupor por la audacia y la novedad de su trabajo, alejado del arte tradicional y realizado con técnicas siempre nuevas, puestas a disposición gracias a la nueva tecnología.

Otra característica de su arte es que se realiza siempre en espacios ya creados por otros, espacios siempre humanos, arquitecturas sobre todo, internas y externas, en espacios contenidos o grandiosos como es el caso del Castelgrande de Bellinzona.

La instalación se mantendrá en pie hasta el próximo 27 de noviembre, coincidiendo con el primer aniversario de la declaración por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de los castillos tesineses como patrimonio mundial de la humanidad.

Varini ha definido en este espacio arquitectónico un punto de vista, a través del cual ha intervenido con nuevas formas, concretamente ha construido tres semicírculos que encuadran el centro del castillo, círculos que se completan imaginariamente por el observador, colocado para la ocasión en el segundo castillo, el de Montebello, poco distante del primero.

La perspectiva puede ser una sola, de esa manera los diferentes planos de la arquitectura se unifican en un plano imaginario, dictado por las curvas de los círculos realizados con materiales biodegradables, aunque resistentes a la intemperie.

Este manejo de la impresión óptica da a Varini, además de libertad, la oportunidad de mostrar lo que ya enseñaba el 'Minimal Art' de los años 60: por ejemplo que se puede reducir la tridimensionalidad a la bidimensionalidad, todo según un juego de condicionamientos visivos.

Otro ejemplo: la espacialidad en pintura es una ilusión para el 'Minimal Art'. Solamente los cuerpos materiales en el espacio son reales.

Esto, el trabajo de Varini lo puede mostrar con gran eficacia, así como nos muestra que las leyes de la óptica pueden dar al artista instrumentos ilimitados para producir imágenes que pongan de relieve éste o este otro detalle de la construcción interesada, o incluso, inventar planos diferentes, o insinuar lo que está detrás de lo que vemos y permitir al láser, por ejemplo, revelar lo que hay debajo del tejido del mármol o cemento u otro material.

El artista tesinés busca siempre un punto de vista, generalmente a la altura de sus ojos, y lo toma como clave de lectura del espacio. También el espectador encontrará una coherencia en este punto, y si cambia de perspectiva, la forma perderá su equilibrio y habría que buscarle otro.

La importancia del arte de Varini está en la llamada en causa del espectador para que complete la obra. Un poco lo que ocurría con el teatro de Stanislavskij, que era una "ventana ante la realidad" y que exigía la intervención activa del espectador para realizar un espectáculo.

Es como si el artista nos tomara de la mano y nos exigiera una visión activa, que nosotros mismos desvelemos los diferentes planos, que distingamos lo real de lo aparente, lo icónico de lo imaginario.

Y esta es la misión del arte contemporáneo, según algunos. Un arte ya emancipado de cualquier ingenuidad y que nos obliga a descubrir el juego de espejos que es la realidad visiva.

Un juego que tiene mucho que ver, por ejemplo, con el fenómeno de la anamorfosis, es decir, con la representación de una escena deformada en su perspectiva, de manera que la visión correcta se tiene sólo en un determinado punto de vista, que no está de frente. Este fenómeno lo encontramos en la técnica cinematográfica del Cinemascope.

Cuatro fotógrafos pondrán de relieve los diferentes aspectos del trabajo en los castillos tesineses: el español Jordi Bernadó, que es un fotógrafo de ciudades del mundo entero; el parisino André Morin, fotógrafo oficial de Varini; el italiano Pino Musi y el tesinés Pino Brioschi.

Juntos realizarán un catálogo fotográfico sobre las interferencias del arte contemporáneo en otras obras de arte. Serán cuatro miradas diferentes sobre el mismo objeto. En el tercer castillo de Bellinzona, llamado de Sasso Corbaro, se abrirá el atelier de los cuatro fotógrafos, con 4 salas y una quinta dedicada a Varini.

Este tiene un currículo extenso: exposiciones personales y colectivas desde 1981, en Francia, Suiza, Italia, Alemania, Estados Unidos, México y Japón.

Un gran artista que poco a poco está siendo apreciado por el mundo del arte y por el espectador que acepta su provocación radical: dudar de lo que ve para analizarlo y poder disfrutar más tarde de estas ilusiones, muy consciente de que son eso, ilusiones, pero al mismo tiempo, arte verdadero.

Lupita Avilés

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