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En Suiza, experiencia peruana de reapropiación cultural

Leonardo Pérez Campana con los estudiantes del taller TOKAPU. UNESCO

Espectadores de diversas ciudades suizas compartieron la experiencia de vida de una comunidad de los suburbios de Lima que lucha por la recuperación de su imagen.

Este contenido fue publicado el 01 diciembre 2006 - 20:30

Nacida como 'pueblo joven' (asentamiento irregular), Villa El Salvador ha dado muestra de una autogestión exitosa, derivada del milenario saber indígena, sin embargo...

"Aquí en Suiza, la proyección de los documentales de TOKAPU tuvo un efecto muy positivo. La gente captó el sentimiento, la fuerza, el deseo de comunicar de las personas que realizaron esos trabajos", comenta a swissinfo Leonardo Pérez Campana, responsable de la organización de los talleres audiovisuales.

En efecto, difundidos en el marco del reciente Festival Filmar en América Latina, esos testimonios del desafío cotidiano, de las luchas pasadas y las ilusiones de miles de pobladores del distrito Villa el Salvador, fueron acogidos con interés por los asistentes a la octava edición de la cita con el séptimo arte.

"Este es un proceso que ha causado efecto. Nuestra sociedad está tan invadida por una imagen que nos impone el mercado, que justamente este tipo de festivales son los que permiten la difusión de estos trabajos, y es lamentable que en nuestras sociedades no se puedan difundir para que ese efecto sea masivo", enfatiza Pérez Campana.

La visión de las comunidades

Se trata de un cine muy especial, anota por su parte el director artístico del Festival, Gérard Perroulaz, hecho por personas que nunca antes habían tocado una cámara y que pudieron expresarse a través de ella, "un enfoque muy válido también para los jóvenes de los barrios periféricos de Brasil o de París".

"El taller nació a raíz de un proceso desarrollado por Elif Karakartal, antropóloga y cineasta, quien hizo muchos trabajos de documentales y que en un momento dado dijo que su visión no era la importante sino que lo que importaba era la visión de las propias comunidades", comenta Leonardo Pérez.

Pero la semilla de la estrategia está aún más lejos. Se desprende de un trabajo de la Asociación Cultural Integración Ayllu Wari (ACIAW), coparte local del proyecto, afanada en la recuperación de la memoria cultural y el fortalecimiento del sentimiento de identidad original de los jóvenes de la segunda generación.

Al rescate de las raíces

"El objetivo general del taller TOKAPU consistía en formar una generación de documentalistas identificados con su historia y su lugar de vida, capaces de proponer su propia reflexión y de llevar las imágenes y la voz de su comunidad", precisa Elif Karakartal.

Tokapu nació en Villa El Salvador, comunidad fundada por emigrantes de los Andes en plena zona desértica de los suburbios de la capital peruana. El tesón y las prácticas milenarias de organización indígena, permitieron a los trashumantes vencer un terreno tan inhóspito para construir en él sus lares.

De eso hace 35 años y hoy, a decir de Elik Karakartal, "la segunda generación de emigrantes perdió su lengua quechua y la mayor parte de sus lazos con sus orígenes".

Más aún, Villa El Salvador, ejemplo de autogestión, es citada por los medios locales no en virtud de ese logro sino desde la perspectiva "de hechos policiales sensacionalistas", lo que ha incidido en una imagen negativa del distrito, asociada con la violencia, la pobreza y la delincuencia.

Destruir estereotipos

En ese marco, y con la idea motriz de "salir de las imágenes negativas y de los estereotipos exteriores de los que se sentían víctimas los participantes -tanto por su origen quechua como por su situación marginal en el seno de la capital-, y de trabajar para reconstruir su imagen y la de su comunidad", los noveles cineastas blandieron sus cámaras y se internaron por los meandros de su propia historia.

Durante seis meses, diez jóvenes documentalistas recibieron formación en las técnicas del documental, la investigación y la realización al tiempo que estudiaron aspectos de su devenir y de su tradición oral. La estrategia requirió el concurso de propios y ajenos: de especialistas no sólo en materia de cine, sino también de historia, incluidos, por supuesto, los integrantes de la comunidad.

"En este proceso participó gente muy importante", puntualiza Leonardo Pérez y cita a guisa de ejemplo a Carlos Milla, arqueólogo e investigador, experto en el tema de la Cosmovisión andina, y a Franklin Gutiérrez, del Centro de Estudio, Formación y Realización Cinematográfica (CEFREC) de Bolivia, "que se maneja muy bien en comunicación indígena".

Nuestro interlocutor trabajó en las áreas de organización y de logística y como profesor en las temáticas de identidad y autoestima. Narra que al principio, entre 25 y 30 jóvenes, de entre 17 y 30 años, se inscribieron en el programa. Empero, se impusieron las exigencias de la cotidianidad a muchos de entre ellos:

"Era un curso intensivo, dos horas diarias y dentro de la realidad social en nuestros países, la gente tiene que trabajar, resistir y no mucha gente tuvo las condiciones de asistir todos los días y muchos proyectos buenos, y alumnos buenos, se quedaron en el camino".

Riquezas milenarias

Con todo, al final se hicieron 10 rodajes, de 10 guiones diferentes y se consolidaron ocho documentales. Aunque financiado por la UNESCO, el proceso exigió suplir con ingenio la falta de recursos y los imprevistos. Los alumnos, acudieron al 'mercado de las pulgas' para adquirir productos a más bajo precio o los 'fabricaron' con el mejor recurso del pobre: la creatividad.

"Un micrófono profesional costaba una cantidad muy fuerte, pero tuvimos un sonidista profesional que nos enseñó la lógica del sonido y con ello y lo que teníamos, sacamos un buen sonido. La gente ha comentado que la calidad de los documentales ha sido buena".

"La magia del cine". Leonardo Pérez Campana habla de ella, y de la inscripción del proyecto TOKAPU dentro del movimiento del cine indígena que ante la embestida de las producciones mercantiles, busca rescatar los valores de los grupos étnicos, transmitir sus inquietudes, su sentir:

"Y gracias a la imagen decimos al mundo que existimos, que los indígenas en América Latina no somos un número, un elementos de fotografía, un elemento de estudio. Somos parte de una cultura milenaria que le dio respuesta a nuestras sociedades durante miles de años y que resistimos y seguiremos resistiendo".

swissinfo, Marcela Águila Rubín

Datos clave

El taller audivisual Tokapu es una experiencia piloto que se desarrolló de octubre del 2004 a junio del 2005 en Villa El Salvador, al sur de Lima.

Tokapu estuvo dirigido por la cineasta francesa Elik Karakartal y cuentó con el apoyo financiero de la UNESCO.

Destinado a jóvenes emigrantes quechuas, fue realizado en el marco de los cursos del Yachay Wasi, de la Asociación Cultural Integración Ayllu-Wari.

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Contexto

La VIII edición del Festival Filmar en América Latina tuvo lugar del 9 al 26 de noviembre en Ginebra con proyección descentralizadas en Ferney-Voltaire, Lausana, Bienne y Berna.

Sus puntos fuertes fueron: Argentina, Juventud y Desarrollo; Migraciones; América Latina, ¿viraje a la izquierda? Y Talleres de producción, incluidos los de TOKAPU.

El Festival presentó un centenar de películas (ficciones, documentales y cortometrajes) procedentes sobre todo de Argentina y México.

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UNESCO: TOKAPU

En Villa El Salvador, barrio periférico de Lima viven esencialmente quechuas que emigraron de la sierra para instalarse en la capital a partir de los años 1940.

El proyecto estuvo enfocado en los quechuas de la segunda generación de Villa El Salvador.

Los hijos de los emigrantes crecieron en un ambiente multicultural esencialmente dividido en dos culturas, la de los pueblos autóctonos y la de los pueblos no autóctonos.

El objetivo de TOKAPU fue establecer un diálogo intercultural entre las poblaciones 'occidentalizadas'y los pueblos autóctonos de Perú, así como entre personas de origen étnico y culturas diferentes.

El proyecto se celebró en tres fases: la formación, la producción y la difusión de las películas.

En el curso de la primera fase, diez jóvenes quechuas siguieron una formación de 12 semanas sobre la producción audio-visual.

El programa incluyó cursos sobre la cultura, la historia, las formas de expresión artística quechua y la visión quechua del mundo, así como técnicas de narración.

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