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El largo camino hacia la integración

La escuela facilita la integración, pero no siempre elimina los prejuicios. Keystone

El 26 de septiembre los suizos votan las reformas que pretenden facilitar la nacionalización de los jóvenes extranjeros que han crecido en tierras helvéticas.

Este contenido fue publicado el 07 septiembre 2004 - 16:15

Un estudio revela que no basta con promulgar una ley u otorgar el pasaporte suizo para eliminar la discriminación de los inmigrantes.

Suiza es un país de inmigración. Uno de cada cinco habitantes no posee el pasaporte rojo con la cruz blanca. “Pero muchos extranjeros – y, sobre todo sus hijos – ven en Suiza su horizonte de vida”, afirma Rosita Fibbi, socióloga de la Universidad de Neuchâtel.

Una mayoría han pasado una buena parte de su vida en Suiza y están integrados en el tejido social del país donde residen. Hay un millón de hijos de padres extranjeros que no tienen la nacionalidad helvética. No conocen otro país que no sea Suiza y, sin embargo, no pueden ejercer sus derechos políticos.

Desigualdad de oportunidades

Una discriminación que se observa no solamente en el ámbito político. Las estadísticas reflejan que los jóvenes extranjeros tienen más dificultades a la hora de encontrar un puesto de trabajo o de formación profesional.

El Forum para el Estudio de la Migración y Población – del que Rosita Fibbi es colaboradora – envió una serie de candidaturas ficticias y pudo demostrar empíricamente el abismo que existe entre suizos e inmigrantes.

Si los hijos de portugueses tienen más o menos las mismas posibilidades de ser convocados a una entrevista de trabajo, a quienes tienen un apellido turco o eslavo les resulta más difícil. En promedio, en la Suiza de expresión alemana sólo se citaron a 59 hijos de inmigrantes del Este frente a cien suizos. La Suiza francófona se muestra un poco más abierta a los extranjeros.

“Esto indica claramente que existe una discriminación más profunda que no se limita a los derechos políticos. Sigue siendo una hipoteca también en la segunda generación”, constata Rosita Fibbi.

Un paso hacia la integración

La reforma de la ley sobre la concesión de la nacionalidad no puede influir en la difidencia popular hacia quienes son diferentes, pero puede constituir un paso hacia la igualdad jurídica de quienes aspiran a obtener la nacionalidad helvética.

Con las modificaciones prevén unificar los procedimientos a escala federal y abolir las tarifas exorbitantes que se pagan en algunas regiones por el pasaporte suizo. En muchas comunas seguirá siendo la asamblea comunal quien decida sobre la naturalización o no de los candidatos, pero se garantizarán las mismas condiciones para todos.

De esta forma se quiere evitar casos extremos como los ocurridos en Emmen. La localidad del cantón de Lucerna denegó, en repetidas ocasiones, la nacionalidad suiza a varios ciudadanos de origen balcánico.

El asunto causó indignación y una ola de protestas en la prensa, pero no fue un caso aislado en Suiza. En el futuro, si los motivos invocados para no conceder el pasaporte helvético fueran insuficientes, los solicitantes podrán presentar recurso.

El estudio de la Universidad de Neuchâtel refleja que para acceder a un puesto de trabajo lo que cuenta no es sólo la nacionalidad. Un joven con pasaporte helvético, pero apellido extranjero, tiene las mismas dificultades que cualquier extranjero que dispone sólo de un permiso de estancia. Según se deduce del estudio, el problema no se resuelve con documentos, sino en la mente de la gente.

Cursos preferenciales para los jóvenes

El 26 de septiembre los suizos podrán optar por la naturalización simplificada de los jóvenes extranjeros de la segunda y tercera generación. Para Rosita Fibbi el resultado de las urnas reflejará la relación de los suizos hacia sus vecinos llegados de países lejanos.

La investigadora confía en el éxito de la votación: “Lo que hacen las nuevas normas, que comparte la mayoría de los miembros del Parlamento, es concienciar sobre la situación actual de la sociedad helvética.”

En definitiva, los parlamentarios que elaboraron estas reformas legislativas confían en el sistema escolar helvético. Están convencidos de que quienes cursan una formación básica o profesional, conocen la lengua y las reglas de convivencia.

Los sondeos indican que el próximo 26 de septiembre el pueblo suizo dirá ‘sí’ a las enmiendas constitucionales y legislativas. Para lograr inserción completa y no discriminatoria de quienes se llaman Fátima o Miroslav en todos los ámbitos de la vida, se necesitarán otros esfuerzos.

swissinfo, Daniele Papacella
(Traducción: Belén Couceiro)

Datos clave

Población extranjera en Suiza a fines del 2003:
1.471.033 personas
Corresponde al 20,1% de la población
Cerca de 350.000 ciudadanos han nacido en Suiza

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Contexto

En Suiza hay casi medio millón de jóvenes de la segunda y tercera generación; por lo general están perfectamente integrados y conocen la lengua del lugar.

Unos 117.000 reúnen actualmente los criterios para la nacionalización facilitada.

Para ello los suizos tienen que aprobar en las urnas la nueva legislación que propone el Parlamento.

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