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El integrador de la nación

Thomas Kessler es muy requerido cuando se trata de integración de extranjeros. swissinfo.ch

La política de integración de Basilea es pionera en Suiza. Su artesano es Thomas Kessler, quien aboga por una práctica serena y humana.

Este contenido fue publicado el 02 mayo 2007 - 08:55

Delegado para cuestiones de imigración e integración del semicantón Basilea-Ciudad, Kessler sostiene que no debe tolerarse ninguna transgresión a la democracia ni a la Constitución. Entrevista.

swissinfo: Desde que la palabra "integración" es pronunciada en Suiza, Thomas Kessler es mencionado. Usted es el "señor integración" del país ¿Buscó ese papel?

Thomas Kessler: Lo que he buscado es que el tema de la integración figure entre las discusiones de la política nacional. A fin de cuentas, se trata de Suiza, del proyecto de vivir juntos en todo el país. Y para transmitir este mensaje debo estar ante los reflectores, porque debemos encontrar mayorías para poder realizar una política de integración moderna.

swissinfo: ¿Tiene también contacto con extranjeros directivos o sólo con los "casos" difíciles en la sociedad?

T.K.: No sólo nos dirijimos a los grupos con problemas, sino también a los inmigrantes con altas cualificaciones profesionales, que constituyen una élite. Se ha producido un cambio de tendencia y estos últimos representan ahora una mayoría entre la ola de población inmigrante. Ellos tienen necesidades particulares y vale la pena presentarles nuestro trabajo de información.

swissinfo: La política de integración es uno de los temas más discutidos ante las próximas elecciones de otoño. ¿A usted lo acapararán los partidos, lo instrumentalizarán?

T.K.: Respondo con un claro no, pues mis posiciones son conocidas por el público. En ese sentido, ningún partido puede "corromperme", ya que mi actitud esta definida.

De hecho, resulta más bien lo contrario. Los partidos pueden retomar nuestra línea de conducta. Es lo que está ocurriendo: cada vez más partidos adoptan el modelo de Basilea en su programa.

swissinfo: La Unión Democrática de Centro (UDC, de derecha) prepara el lanzamiento de una iniciativa que pediría la expulsión de los extranjeros y sus familias en caso de infligir las leyes suizas o el retiro de la naturalización. ¿Es éste el camino?

T.K.: La UDC tiene motivaciones de táctica electoral. En una perspectiva de marketing político es tal vez una buena solución. Pero eso no tiene nada que ver con la integración ni con nuestra política.

Nosotros hacemos exactamente lo contrario. Nosotros manejamos el proceso desde el principio y no por el final. Suiza tiene ya casi los mayores obstáculos y los plazos más largos para la naturalización de extranjeros. Estas barreras pueden ser ascendidas sin fin y los plazos pueden ampliarse, pero con ello no se solucionan los problemas.

La agudización propuesta por la UDC no es necesaria, ya que las leyes actuales son suficientes para expulsar a los criminales. Algo que también hacemos de manera consecuente en Basilea. Cada año salen del país entre 20 y 40 personas, y para ello no se requieren nuevas leyes.

swissinfo: De acuerdo al modelo de Basilea se deben establecer acuerdos con los inmigrantes y prescribirles cursos de idiomas. ¿Se puede forzar la integración?

T.K.: Con los acuerdos protegemos a la gente del aislamiento. Se trata de un malentendido si se piensa que la educación es algo incómodo o discriminatorio. Lo que es discriminatorio es el aislamiento y la falta de acceso a la formación educativa.

Nosotros pactamos acuerdos con gente que vive aislada debido a causas culturales o sociales, como, por ejemplo, cuando la pareja masculina define de forma patriarcal quién puede gozar de educación y quién no.

Lo que contradice fundamentalmente nuestro concepto sobre igualdad de oportunidades. Para muchas mujeres ese es el primer paso a la emancipación, a la liberación de muchas represiones.

swissinfo: ¿La problemática de los extranjeros se ve menos grave entre la población de Basilea que en otros cantones?

T.K.: La percepción de la población la evaluamos cada dos años. Dos tercios califican el tema de importante, que también conlleva problemas. Con el paso de los años va ganando espacio el aspecto positivo, porque la gente va teniendo más confianza en las medidas de las autoridades.

Nos encontramos en un proceso de diferenciación positivo: ya no se habla de problemas de los extranjeros, sino que se diferencia entre problemas sociales, de educación, de violencia o de salud.

swissinfo: ¿Las estadísticas sobre criminalidad permiten ver progresos con respecto a las medidas aplicadas en Basilea?

T.K.: Comparemos cifras de 1998: entre los jóvenes extranjeros que acudieron a la escuela aquí, los emigrantes causabon aproximadamente 60% más delitos que los suizos con la misma edad. Actualmente, la diferencia es del 20%, es decir que ha reducido significativamente.

Si se siguen desglosando las estadísticas conforme al nivel de formación educativa y el estatus social, las diferencias desaparecen.

swissinfo: ¿Verdaderamente hay una posibilidad de igualdad de oportunidades para los extranjeros o sólo es un deseo?

T.K.: La igualdad de oportunidades como objetivo primero en los Estados liberales es de cualquier forma una utopía, ya que la gente no llega al mundo de igual manera ni crece en condiciones similares.

Sólo podemos intentar establecer la mayor equidad de oportunidades posible. En ese camino se pueden alcanzar grandes pasos, y esto también es válido para la igualdad de oportunidades de género.

swissinfo: ¿Dónde se encuentra el equilibro entre la adaptación y la preservación de las tradiciones propias? ¿Hasta dónde debe llegar la tolerancia de un Estado?

T.K.: Suiza en ese punto tiene una respuesta sencilla, porque su definición es puramente política y no cultural. Nuestra cultura es la democracia directa.

Nadie puede estar por encima de nuestra democracia o de la Constitución, en este aspecto hay tolerancia cero. El marco de libertades definidas en la Carta Magna permite mucha flexibilidad que, por suerte, también aprovechamos.

La sociedad suiza se desarrolla gracias a la integración; lo que se ve en la cultura, impregnada de los aportes de la inmigración.

Entrevista swissinfo, Gaby Ochsenbein
(Traducido del alemán por Patricia Islas)

El modelo de la integración en Basilea

El cantón de Basilea-Ciudad adoptó un concepto de integración en 1999. Junto con la del cantón de Neuchâtel, es la política de integración más progresista de Suiza.

Cerca de 187.000 personas viven en el cantón de Basilea, de las cuales, 58.000 extranjeros de unas 165 naciones.

El pilar de la política de integración en Basilea es la igualdad de oportunidades como base de una vida común pacífica.

Una ley sobre integración está en el camino de ser adoptada en los parlamentos de los dos semicantones de Basilea: Basilea-Ciudad y Basilea-Campo. Esta legislación garantizará una política de integración activa, de acuerdo al principio de "exigir y promover".

Los recién llegados deben mostrar voluntad para su proceso de integración, bajo el respeto del Estado de derecho. La población autóctona está llamada a mostrarse abierta al respeto mutuo.

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THOMAS KESSLER

Thomas Kessler nació en 1959. Creció en la región francófona de Suiza y en el cantón de Zúrich.

Agrónomo de profesión, estuvo activo durante un largo periodo en el sector de la ayuda al desarrollo.

Entre 1987 y 1991, fue diputado por el partido de Los Verdes en el parlamento del cantón de Zúrich.

De 1991 a 1998 ocupó el puesto de delegado para cuestiones relacionadas con la drogadicción en el cantón de Basilea-Ciudad.

Thomas Kessler es miembro de la Comisión federal de expertos para las cuestiones relacionadas con las drogas desde 1996.

En 1998 fue nombrado delegado sobre asuntos de inmigración e integración en el semicantón de Basilea-Ciudad.

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