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El Festival de Locarno cumple 75 años: recordando el pasado, pero con la mirada puesta en el futuro

Piazza Grande, la principal sala de cine al aire libre de Locarno. La antigua cabina de proyección se convirtió en un espacio de Realidad Virtual que puede albergar hasta ocho visitantes a la vez, con un programa doble gratuito de seis obras inmersivas por las mañanas (de 10 a 14 horas) y por las noches (de 17 a 24 horas). Prisma By Dukas Presseagentur Gmbh / Alamy Stock Photo

El evento cinematográfico más prestigioso de Suiza celebra su 75ª edición viajando en el tiempo y la historia, mediante una singular combinación de diferentes espectáculos cinematográficos. 

Este contenido fue publicado el 03 agosto 2022 - 09:00

A lo largo de todos estos años y de varias generaciones de cineastas, el Festival de Locarno ha ido adaptándose a los tiempos, pero no ha perdido nunca su razón de ser, es decir, una gran fiesta del cine, con su singular mezcla de pasado, presente y futuro. Este año, que se celebra la 75ª edición, no será una excepción.

Hay mucho que celebrar en esta pequeña y pintoresca ciudad a orillas del lago Mayor, en el cantón de habla italiana del Tesino. Es su primera edición completa desde 2019, tras la pandemia de COVID-19. Vuelven los cineastas y los aficionados de ultramar, los hoteles están al completo y las agencias turísticas funcionan a pleno rendimiento.

El programa ofrece una amplia selección de películas sabiamente seleccionadas por Giona A. Nazzaro, el director artístico del festival, que muestra su personal sello distintivo, amplio y abierto, que ya lo hizo famoso como crítico y programador de cine antes de tomar las riendas del festival el año pasado. Fiel al espíritu de Locarno, el amor al cine se antepone a las exageraciones publicitarias del mercado cinematográfico.  
 
Nazzaro estaba ya muy familiarizado con Locarno, puesto que desde 1994 asistía religiosamente al festival. Ese año, Pulp Fiction se proyectó en la pantalla al aire libre de la Piazza Grande con la presencia de su director, Quentin Tarantino, justo después de su sorprendente triunfo en Cannes: nadie conocía a Tarantino antes, y nadie ignora quién es después. 
 
Pero a Nazzaro el festival le causó una impresión más profunda: "Las dos primeras películas que vi en la Piazza fueron Speed y A través de los olivos", afirma, resumiendo la singularidad de Locarno. Por un lado, una película estadounidense de acción por excelencia; por otro, un reflexivo drama iraní. 

Esta mezcla forma parte del ADN de Locarno. Carlo Chatrian, uno de los predecesores de Nazzaro y actual director artístico del Festival de Cine de Berlín (Berlinale), cuenta una anécdota similar cuando asistió por primera vez al festival a finales de los años 90: "Podías ver la retrospectiva de un cineasta de vanguardia como Jonas Mekas, y seguidamente ver There's Something About Mary en la Piazza Grande". 
 
Los dos críticos y programadores se incorporaron al equipo del festival durante el mandato de Frédéric Maire, actual director de la Cinematèque Suisse. Nazzaro, nacido en Zúrich, empezó como moderador y traductor de las delegaciones de cine que hablaban alemán o suizo-alemán, pero pronto empezó a relacionarse personalmente con actores y realizadores de todo el mundo.

Giona A. Nazzaro, director artístico de Locarno. Keystone / Davide Agosta

Entre los invitados especiales de este año figuran el director griego Costa-Gavras, maestro del cine político (aunque no exclusivamente), la gran dama del arte multimedia, Laurie Anderson, y el actor estadounidense Matt Dillon, que, en palabras de Nazzaro, "representa lo mejor de un concepto del cine estadounidense nacido en los años 70, al tiempo que rinde homenaje a la valentía de las opciones no convencionales". 
 
Respetado experto en cine de acción y fan declarado de las llamadas "películas de serie B" (películas comerciales de bajo presupuesto), Nazzaro también ha invitado al productor independiente Jason Blum, cuyo credo es no gastar más de cinco millones de dólares en una película (10 millones si se trata de una secuela). A Blum se le suele describir como un "Roger Corman moderno", el pionero del cine de terror de micropresupuesto, y es famoso por su serie de películas Purga, en las que imagina una América -no tan distópica- en la que las élites ricas juegan sucio para deshacerse de los pobres (la tercera entrega, titulada Election Year, se estrenó en el verano de 2016, apenas unos meses antes del enfrentamiento electoral entre Hillary Clinton y Donald Trump). 

Viaje en el tiempo 

El estreno en Suiza de la película de animación No Dogs or Italians Allowed (No se permiten perros ni italianos), que debutó con gran éxito en el festival de cine de animación de Annecy en junio, da el pistoletazo de salida al programa oficial. Basada en la historia familiar del director Alain Ughetto, se trata de una conversación ficticia entre el cineasta, que maneja las marionetas en stop-motion, y su difunta abuela sobre su marido, un italiano que emigró a Francia por motivos laborales.  

El diálogo entre el pasado y el presente se palpa desde los primeros días del festival. El evento "prefestival" ofrece una proyección especial de Broken Blossoms (1919) de D.W. Griffith, un clásico del cine mudo, con acompañamiento musical en directo. Mientras tanto, la pantalla grande de la Piazza Grande proyecta la esperada película de acción Bullet Train, protagonizada por Brad Pitt y Aaron Taylor-Johnson.  

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Volviendo al futuro, una de las principales innovaciones de la dirección de Nazzaro es un programa de realidad virtual (RV).  Comisariado en asociación con el Festival Internacional de Cine de Ginebra, es de libre acceso y se celebra dentro de un lugar especial: la cabina de proyección original de la Piazza Grande, que se ha convertido en un espacio de RV que puede albergar hasta ocho visitantes a la vez.

Otra de las novedades del año pasado fue la ampliación de la sección de cortometrajes Pardi di domani, con un tercer apartado competitivo dedicado no a los jóvenes cineastas que aún no han dirigido su primer largometraje (como es el caso de los otros dos concursos), sino a los directores consolidados que siguen realizando cortometrajes después de su gran éxito. Uno de esos directores es un viejo amigo del Festival, el cineasta italiano Marco Bellocchio, que ganó uno de los principales premios en 1965 con su primera película Los puños en el bolsillo.  

Ese premio catapultó a Bellochio a la primera línea del cine italiano y a la fama internacional. Los puños en el bolsillo ha sido una de las películas que más veces ha pasado por el festival (cinco veces). 

Con 75 años, pero todavía muy joven de corazón, el festival rinde homenaje a la historia del cine (téngase en cuenta la retrospectiva de Douglas Sirk de este año) y consolida las iniciativas orientadas al futuro, no solo en el ámbito tecnológico. El programa Puertas Abiertas, por ejemplo, ofrece oportunidades de establecer contactos a los cineastas de países que carecen de la infraestructura cinematográfica adecuada, y después de tres años centrados en el sudeste asiático, se inicia ahora un nuevo ciclo con cineastas latinoamericanos.  

El objetivo es que Locarno sea más inclusivo que nunca, una comunidad cuya presencia se extienda más allá de estas dos semanas de agosto, con eventos multimedia durante todo el año y colaboraciones con otros prestigiosos festivales hermanos, como Venecia y Berlín. 

Editado por Eduardo Simantob

Adaptado del inglés por José M. Wolff

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