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El destino en manos propias

Dante Aguilera, uno de los trabajadores que recuperaron Grissinopoli. A4 Films

Los trabajadores de Grissinópoli, ahora desocupados, no tenían muchas opciones más que salir a luchar por su supervivencia y la de su familia.

Este contenido fue publicado el 02 septiembre 2005 - 15:34

La tarea no fue fácil. Tuvieron que aprender de leyes y a distinguir entre quienes solidariamente querían ayudarlos de aquellos que pretendían usarlos políticamente.

Tampoco fue fácil la convivencia: ninguno de ellos gozaba durmiendo en la fábrica, lejos de su familia, sin dinero y esperando que la policía los desaloje. Pero venciendo incluso las diferentes opiniones internas, salieron a luchar para evitar que su pequeña fábrica desaparezca.

Doria relata la parte feliz de la historia: "La cooperativa va muy bien. Ahora legalmente la fábrica ya les corresponde a los trabajadores y tienen tres años de margen para capitalizarse y juntar plata, y luego tienen 23 años para devolverle al Gobierno de la Ciudad el dinero que puso.

"Se reparten las ganancias por partes iguales, independientemente de la labor que desempeñen, y en promedio ganan entre tres y cuatro veces más que lo que ganaban como empleados. Incorporaron dos socios, están con los impuestos al día, sin deudas, tienen trabajo y están mucho mejor que antes".

Una experiencia que se repite

Según datos del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), son más de 150 las organizaciones económicas que fueron puestas a producir nuevamente por iniciativa de sus trabajadores y son alrededor de 15 mil los trabajadores que mantienen sus empleos de esta forma.

Distribuidas a lo largo de toda la Argentina, estas empresas recuperadas se han constituido en cooperativas y asociaciones que abarcan una amplia gama de actividades: curtiembres, papeleras, autopartistas, supermercados, panificadoras, diarios, empresas avícolas, metalúrgicas y de transporte urbano.

Lecciones de vida

"Es difícil decir que me dejó sólo una lección", sostiene el director del documental Grissinópoli, el país de los grisines y reflexiona:

"Lo que seguro me enseñó es que cuando uno tiene la necesidad de encontrar una solución, la solución aparece. Aún cuando pienses que no tenés la capacidad...

"Esta gente no eran militantes, no eran revolucionarios, nada de eso... lo único que buscaban era tener algo de plata para mantener a sus familias, y en esa desesperación entendieron que si abandonan la fábrica no encontraban más trabajo y se convertían en cartoneros. Y en esa desesperación encontraron esto".

Las reacciones "adentro y afuera"

Es increíble la diferencia de percepciones que puede uno encontrar entre los espectadores de Argentina y de los países primermundistas donde suelen exhibirse estos documentales. Doria lo explica así:

"En Argentina el público se emociona mucho, hay como una carga muy grande que se pone sobre los trabajadores. Hay una visión esperanzadora, se adueñan y toman como suya la victoria de estos obreros; preguntan por cómo marcha la fábrica...

"Afuera pasa otra cosa: hay como una visión muy romántica de lo que pasa acá sobre todas las cosas sociales. Piensan 'qué bueno Latinoamérica, que se alza contra el capitalismo.

"Creo que lo que ellos no llegan a entender es que para llegar a que estos trabajadores alcancen ese punto hay mucho sufrimiento detrás de ellos. Cuando 16 trabajadores recuperan una fábrica, hay millones que no pueden hacerlo y están carboneando.

"Me parece que no tienen dimensión de la pobreza que hay en Argentina. Cuando hablo en los festivales del exterior te dicen 'acá también hay pobreza'. Pero son pobrezas distintas: acá hay mucha gente que la pasa muy mal, aunque de la sensación de que estamos un poco mejor", concluye.

swissinfo, Norma Domínguez, Buenos Aires

Contexto

Los 16 trabajadores de Grissinópoli que recuperaron la fábrica y hoy son socios de la cooperativa:

Adriana Blanco, Maria Pino, Ana Moya, Marcela Ojeda, Pablo Baudino, Osvaldo Canullan, Norma Pintos, Alfredo Fonzo, Dante Aguilera, Alicia Prieto, Julio Vega, Ivana Agüero, Andres Monserrat, Juan Castro, Pedro Gomez y Alfredo Correa.

Según datos del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), son más de 150 las organizaciones económicas que fueron puestas a producir nuevamente por iniciativa de sus trabajadores y son alrededor de 15 mil los trabajadores que mantienen sus empleos de esta forma.

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