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El avión Solar Impulse se convierte en un proyecto militar

El prototipo de Solar Impulse sobrevolando la bahía de San Francisco el 24 de abril de 2016. Keystone / Jean Revillard / Handout

Presentado como el futuro de la aviación limpia, el avión Solar Impulse fue vendido el año pasado a un empresa emergente y servirá de base para el desarrollo de un dron de vigilancia destinado específicamente al sector militar. La Radio Televisión Suiza francófona RTS ha llevado a cabo una investigación.

Este contenido fue publicado el 26 diciembre 2020 - 11:19
Marc Renfer & Yann Dieuaide/RTS

A diferencia del resto de la aventura del Solar Impulse, la operación de venta se concluyó sin gran pompa. El 11 de septiembre de 2019, un sucinto comunicado de prensa anunciaba la venta del avión solar con el que Bertrand Piccard y André Borschberg completaron su inédita vuelta al mundo en 2016.

Citado en el comunicadoEnlace externo, Bertrand Piccard se congratulaba de que “Solar Impulse 2, en esta segunda vida, continúa demostrando que las tecnologías limpias pueden realizar lo imposible y ayudar a construir un futuro sostenible. Con Skydweller, el avión solar más célebre del mundo aportará beneficios para todos”.

Sin embargo, según la investigación de la televisión pública suiza RTSEnlace externo, la joven sociedad hispano-estadounidense Skydweller Aero, que dispone de un sitio web con información muy escueta, abriga intenciones militares para el futuro del avión Solar Impulse 2. El aparato servirá de base para el desarrollo de drones autónomos de vigilancia y telecomunicación, que serán capaces de volar continuamente. 

El principal accionista conocido de Skydweller, el grupo de defensa italiano Leonardo (antes Finmeccanica), evocó durante el último salón aeronáutico en Dubái el concepto de un aparato autónomo basado en Solar Impulse. Un avión capacitado para “cargar un radar, óptica electrónica, aparatos de telecomunicación, sistemas de escucha y de intercepción telefónica”.

Leonardo, que detiene cerca del 15% del capital de Skydweller, cree en estos desarrollos futuros. “El volumen de mercado es enorme”, afirmó Laurent Sissmann, uno de los responsables del proyecto, precisando que “solo para la aplicación militar estamos hablando de centenares de millones que podría captar Skydweller”. Respecto a las aplicaciones civiles, mencionó “un sistema de relés para telecomunicaciones, observación de catástrofes naturales y cartografía”.

En la actualidad, el avión que ha dado la vuelta al mundo se está ensamblando a puerta cerrada en el aeropuerto de Albacete, en España. Skydweller, que tiene su sede en Delaware, un estado americano con baja fiscalidad, ha anunciado que el aparato volverá a conquistar el cielo próximamente. Pero el grupo ha declinado cualquier entrevista. 

Si el piloto de prueba del Solar Impulse fue despedido y ha vuelto a ser contratado para poner el avión en vuelo,

a largo plazo, el objetivo que ha anunciado Skydweller es sustituir al hombre por un sistema autónomo y aprovechar el peso liberado para instalar instrumentos de vigilancia y observación.

“Solar Impulse jamás llevará armas”

Consultado sobre las intenciones manifiestamente militares del proyecto, Bertrand Piccard aseguró a la RTS que el contrato de venta incluye una salvaguarda que prohíbe transformar al Solar Impulse en un dron militar con fines ofensivos. “Se trata de un avión que jamás será armado. Está absolutamente claro y así lo estipula el contrato”, afirmó.

Según las informaciones de la RTS, no hay riesgo de que veamos el avión solar surcar el cielo con misiles bajo sus alas. Un escenario que técnicamente no es viable.

Un ingeniero familiarizado con las ambiciones de Skydweller ha explicado a la RTS que la empresa ha comprado el Solar Impulse principalmente por considerarlo una “plataforma de prueba, con tecnologías ya testadas”, y que existe un interés por “la forma de publicidad” que el pasado del avión pueda aportar. “Si consiguen desarrollar algo, no necesariamente tendrá la apariencia del Solar Impulse, sino que incorporará una parte de los conocimientos adquiridos en la aventura de la vuelta al mundo”, reveló.

Una cosa es segura: la investigación de la RTS indica que los vínculos entre la dirección de Skydweller y la industria armamentística son evidentes. La posibilidad de que el legado del Solar Impulse adquiera un cariz militar no puede, por tanto, ser una sorpresa para Bertrand Piccard y André Borschberg.

El equipo de Skydweller viene de la industria armamentística

El estadounidense Robert Miller, director de Skydweller, se presenta como un profesional con “décadas de experiencia en la comunidad de la defensa aérea”. En su currículum figuran los gigantes estadounidenses del armamento: desde Northrop Grumman hasta filiales de Lockheed Martin, siempre en el sector de los drones. Además, el ingeniero en armamento y exejecutivo del grupo Airbus Marwan Lahoud se ha incorporado, recientemente, a la dirección de la empresa emergente.

Una fuente conocedora de las negociaciones de compraventa entre Skydweller y Solar Impulse certifica que Robert Miller ha aprovechado sus contactos con el ministerio de Defensa de Estados Unidos para demostrar la solidez de su oferta. El lobbying de Skydweller en Estados Unidos va dirigido a temas de defensa e inteligencia. 

Esta proximidad con el Departamento de Defensa estadounidense es observa en las actividades de influencia de Skydweller. Así, el nuevo propietario del Solar Impulse 2 ha contratado en Washington al antiguo lobbista de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), la famosa organización defensora de las armas, para influir en los debates en el Congreso estadounidense sobre drones y vigilancia.

Pese a estos datos, Bertrand Piccard sigue creyendo en las futuras aplicaciones comerciales e industriales del proyecto, citando las telecomunicaciones, la meteorología o servicios de fotografía aérea. También pide que “no seamos hipócritas”, recordando que “muchos sistemas hoy pacíficos fueron desarrollados por el ejército”. 

La cuestión de la financiación y del dinero público

Esta venta, que choca con la lucha inicial de Solar Impulse por la transición energética y la promoción de valores humanistas, también plantea cuestiones financieras.

Cabe recordar que la aventura del Solar Impulse costó 170 millones de francos en 15 años. Gran parte de la suma la aportaron los patrocinadores y mecenas, pero el proyecto también se sufragó de forma directa o indirecta con dinero público de la Confederación. Hoy, quienes se han embolsado el dinero de la venta son Bertrand Piccard y André Borschberg, únicos propietarios de Solar Impulse SA.

Bertrand Piccard (dcha) y André Borschberg delante del “Solar Impulse 2” después de aterrizar en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos) el 26 de julio de 2016. © Keystone / Peter Klaunzer

Ambos no quieren revelar el importe de la transacción con el argumento de que lo tienen prohibido por contrato. Sin embrago, Bertrand Piccard califica las ganancias como “un retorno por todo lo que hemos invertido durante 15 años”. El aeronauta asegura “no haber ganado nada durante todo este período”. Si bien es cierto que no recibió una remuneración directa de Solar Impulse, Bertrand Piccard, se benefició de su imagen y popularidad para multiplicar el número de conferencias, por un precio de hasta 30 000 francos cada una. 

Hoy dice estar “aliviado de que la empresa creada con André Borschberg esté facturando algo”.

La venta de esta joya tecnológica les ha generado dinero a los fundadores, aunque no a los patrocinadores como la Confederación. Esto no estaba previsto en los contratos. Los acuerdos consistían esencialmente en el usufructo de la publicidad en torno a la aventura de la vuelta al mundo.

Una participación del Estado, directa e indirecta

Nicolas Bideau, director de Presencia Suiza (agencia oficial de promoción de Suiza en el mundo), que centralizó la participación pública suiza, estima el dinero público aportado en 6 millones de francos. “Gran parte de ello en forma de puesta a disposición de los hangares en Dübendorf (Zúrich) y Payerne (Vaud). También hubo subvenciones por parte de la Oficina Federal de Energía para impulsar las energías renovables, y Presencia Suiza invirtió 1,25 millones de francos para ser socio de la aventuraEnlace externo.”

Según Nicolas Bideau, a esto hay que sumar la participación de las Escuelas Politécnicas Federales de Zúrich y Lausana y la puesta a disposición de sus ingenieros. Lo cual incrementa la cuota de participación pública.

¿En qué se ha beneficiado Suiza? Para Nicolas Bideau, el retorno no es de índole financiera, pero igual de importante. “El know how del Solar Impulse no está tanto en el avión hoy estacionado en España, sino en las empresas de ingeniería y nuestras escuelas politécnicas. Algo que no debemos subestimar”, argumenta. Para Bideau, “el destino actual del avión es una lástima […], pero hemos sacado el máximo del Solar Impulse en Suiza”.

>> Vídeo de promoción de Presencia Suiza (abril 2016)

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La venta al extranjero: “un fracaso total”

No todos comparten este entusiasmo. El exparlamentario Fathi Derder habla de “un fracaso total” por parte de la Confederación. “Hace años que lucho para concienciar sobre esta increíble tecnología invertida en Solar Impulse”, dice el miembro del Partido Liberal Radical, que quería que Suiza mantuviera estos conocimientos en su territorio.

“Ahora acaban en manos extranjeras, obviamente estadounidenses. Sea cual sea el destino, es dramático para nuestro país”, lamenta Fathi Derder, que no culpa a André Borschberg y Bertrand Piccard. “A partir del momento en el que los promotores se dirigen a las autoridades federales y estas les dan la espalda con una cortés negativa, por no decir humillante, no debe sorprendernos que una empresa privada se dirija al extranjero.”

Aún en ciernes, la segunda vida de Solar Impulse como un proyecto tecnológico de doble uso militar y civil, todavía debe concretizarse. Pero Skydweller piensa a lo grande. Su dirección ha anunciado la contratación de 120 empleados en España y Estados Unidos, en su mayoría ingenieros. Una vez concluidos los estudios, la aeronave podría terminar su vida en Suiza, expuesta en un museo.

>> Reportaje de investigación de la televisión pública de la Suiza francófona RTS

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Traducción del francés: Antonio Suárez Varela

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