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El brasileño Azevêdo enfrentará serios retos

Roberto Azevêdo contó con el apoyo de las más fuertes economías emergentes para su nominación al frente de la OMC. Keystone

Roberto Azevêdo de Brasil, elegido la víspera como nuevo director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), es un “negociador” inteligente, pero deberá enfrentar una serie de desafíos en su nuevo cargo, dice el ex negociador suizo ante ese organismo, Luzius Wasescha.

Este contenido fue publicado el 08 mayo 2013 - 18:31
swissinfo.ch

Azevêdo, el primer latinoamericano en ocupar el cargo y el primer representante de un los países del llamado BRICS, grupo de economías emergentes, se impuso al otro favorito para dirigir la OMC, el mexicano Herminio Blanco.

La pregunta que se hacen los observadores es si Azevêdo, quien asumirá el cargo en septiembre, logrará reactivar las negociaciones multilaterales tras el fracaso de la ronda de negociaciones de Doha.

Roberto Azevêdo, dirigirá la OMC

El brasileño Roberto Azevêdo fue elegido el martes 07.05 para dirigir la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Su nombramiento formal se hará la semana próxima en una reunión del Consejo Plenario de los 159 Estados miembros de la OMC.

Azevedo reemplazará al francés Pascal Lamy el 1 de septiembre.

En la tercera y última ronda de la selección, Azevedo, de 55 años, representante de Brasil ante la OMC desde 2008, compitió con otro peso pesado del comercio internacional, el mexicano Herminio Blanco, de 62 años, que dirigió las negociaciones de México en el histórico acuerdo comercial norteamericano (NAFTA), firmado en 1994.

El proceso de selección del nuevo candidato ha durado cuatro meses y en el camino quedaron aparcados durante este periodo otros ocho candidatos.

Fuente: AFP

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swissinfo.ch: ¿Cuál considera usted que será el primero punto de la agenda de Azevêdo al frente de la OMC habida cuenta del estancamiento de las conversaciones de Doha?

Luzius Wasescha: Las negociaciones de la OMC pueden ser inspiradas por el director general, pero las decisiones tienen que ser tomadas por los miembros. El cambio de director general no va a modificar inmediatamente la situación. Quizá Azevêdo es más convincente en algunas capitales que (su predecesor), Pascal Lamy,  pero, por supuesto, tiene una perspectiva muy amplia de las necesidades de los países emergentes.

Este puede ser su mayor desafío: hacer su trabajo como director general objetivamente y convencer a esos mercados emergentes y a los países industrializados de ser más flexibles en determinados asuntos.

Cuando se miran los aspectos técnicos, ya no es una cuestión Norte-Sur, sino transatlántica. La UE tiene su sistema de normas, EE.UU., el suyo, y es casi imposible salvar las diferencias a menos que ambas partes muestren flexibilidad. Pasa lo mismo con las infraestructuras del comercio donde los procedimientos aduaneros de EE.UU. y de la UE difieren y es difícil avanzar.

swissinfo.ch: ¿Considera que Azevêdo es la persona adecuada para asumir esta difícil tarea? ¿Qué ventajas aporta a esa posición y qué desafíos particulares afronta?

L.W.: Creo que es la persona adecuada no por su origen, sino por su personalidad. He experimentado dos situaciones con él donde realmente se mostró como un negociador. Cuando preparamos la última reunión ministerial, con un lenguaje muy pesimista sobre Doha, Azevêdo fue el arquitecto de la lengua. Y en la reunión ministerial del año pasado en Doha, a las 03.00 am, intervino al lado de los países en desarrollo y yo fui el portavoz de los países industrializados no comunitarios, y rápidamente llegamos a un acuerdo. Así que ha demostrado realmente que es capaz de lograrlo, y estoy seguro de que va a hacer lo mismo al frente de la OMC.

swissinfo.ch: swissinfo.ch: Algunos dicen que la OMC está en riesgo de hacerse “irrelevante”. ¿Está de acuerdo? ¿Qué puede hacerse para revertir esa tendencia? ¿El nombramiento de Azevêdo podrá impulsar un cambio radical en la organización?

L.W.: El riesgo existe ciertamente, pero hay muchos elementos para prevenirlo y estoy seguro de que Azevêdo hará todo lo que pueda. Personalmente, diría que lo más importante es deshacerse de esos debates, todas las discusiones generales sobre el desarrollo. No llevan a ningún resultado porque en la negociación siempre hay al menos dos tendencias entre los países en desarrollo: los que son competitivos y están a favor de una solución liberal y aquellos que no lo son. Así que el criterio no es si un país está desarrollado o no, sino si es o no competitivo.

Hemos creado en estas negociaciones nuevos grupos de economías pequeñas y vulnerables cuya situación es totalmente diferente de la de Brasil, India y China. Tiene usted los países que inmediatamente pierden sus mercados de exportación si los competidores logran mejores accesos a los mercados. Y es necesario encontrar una solución a la pregunta: ¿qué deben hacer estos pequeños productores en el futuro? Producen café, banano, algodón, todas las cosas que los brasileños están produciendo ellos mismos, todo de una manera más competitiva que los Estados del Caribe, por ejemplo.

Azevêdo tendrá que ser asesorado por personas de todas las sensibilidades en la OMC, y espero que no se limitará a una maquinaria en la que solamente los grandes jugadores estén representados. En una negociación se necesita una cierta cantidad de personas alrededor de la mesa que puedan hacer propuestas para llenar los vacíos. Si usted tiene solamente a los mejores jugadores, el único que puede hacer propuestas para superar la brecha es el director general. Pero una vez que ha jugado sus cartas, sin éxito, usted está bloqueado - eso es lo que pasó con la ronda de Doha.

swissinfo.ch: ¿Cuáles serían las consecuencias para Suiza si la influencia de la OMC y las negociaciones comerciales no pueden ser reactivadas bajo el liderazgo de Azevêdo?

L.W.: La economía suiza está muy bien orientada en estos nuevos esquemas de comercio, en la forma en que se lleva a cabo, con las cadenas de suministro y la cooperación entre las pequeñas y medianas empresas y los grandes jugadores. Aquí, Suiza ciertamente tiene buenas cartas.

En política, Suiza tiene menos cartas buenas, porque sea lo que sea que decidamos en Suiza, no podemos olvidar que estamos en Europa y fuera de Europa se nos percibe como un país europeo. En general, en la primera media hora de contacto con un socio de fuera de Europa, tenemos que explicar que no estamos en la UE y por qué no estamos. Es una especie de doble marginalización - somos marginalizados en Europa, porque no somos miembros de la UE, y Europa misma es marginalizada en este nuevo mundo emergente cuyo centro está cada vez más en Asia o Asia-Pacífico.

Suiza debe ser más proactivo. Lo que advierto ahora es que mis sucesores son muy prudentes, pero con prudencia no podemos sobrevivir.

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