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Eco-eficiencia en ciernes

La fundición Metalúrgica Peruana SA (MEPSA) apuesta por salir del paso con ayuda del Centro de Eficiencia Tecnológica. Keystone

2,6 millones de dólares de EE UU, Suiza y Perú impulsan un programa de 4 años para promover la 'producción limpia' y rentable en el país andino.

Este contenido fue publicado el 02 agosto 2002 - 16:20

Se denomina Centro de Eficiencia Tecnológica (CET) y funciona desde enero del presente año con el respaldo de la Secretaría de Estado de la Economía helvética (Seco), Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) y del Consejo Nacional del Ambiente de Perú, entre otras instituciones.

Pretende contribuir al desarrollo industrial sostenible mejorando la eco-eficiencia de las empresas, sobre todo de las PYMES (80% de las unidades económicas peruanas), aplicando una estrategia ambiental integrada que además de disminuir la contaminación industrial permita una rentabilidad neta para la empresa y la sociedad.

"Creo que un punto importante para poder vender, aplicar y lograr resultados con eco-eficiencia es que el pequeño empresario, en su quehacer del día a día, en el que no le cabe espacio para pensar de modo estratégico o revisar sus procesos, tenga la oportunidad de hacerlo por medio de la gente del Centro", sostiene el ingeniero Luís A. De la Torre, Director Ejecutivo del CET.

Cruzada difícil

No es sencillo predicar la producción limpia a una audiencia de empresarios, micro, pequeños, medianos e incluso grandes, cuya preocupación diaria es 'sobrevivir' a la competencia feroz, falta de tecnología adecuada, mercados, mano de obra calificada y acceso al crédito de fomento.

El CET de Perú pertenece a la red de 110 centros similares en el mundo y es el octavo que Suiza ayuda a establecer en países en vías de desarrollo, después de los creados en América Central, Brasil, Colombia, Marruecos, India, Vietnam y China. Asume el desafío echando mano a las experiencias recogidas.

La meta es enseñar a medir el impacto ocasionado por el uso excesivo de recursos (materias, agua y energía) y la exorbitante generación de residuos, que además de inflar los costos de producción contaminan el medio ambiente.

Una de las referencias más recientes es la del CET de Colombia, donde desde 1998 hasta el 2001 ha conseguido que 66 empresas industriales hagan uso de sus servicios de consultoría y asesoramiento técnico.

El acceso a nuevas tecnologías les ha permitido reducir en más de 10.000 toneladas la montaña de residuos y ahorrar una suma superior a los dos millones de dólares.

"En Colombia, el Ministerio del Medio Ambiente y las organizaciones afines han dado a la producción limpia un carácter nacional, pero en Perú no veo todavía el espíritu empresarial ni la disponibilidad a pagar este tipo de asesoramiento", precisó a su vez Heinz W. Böhni, experto del Instituto Federal Suizo de Investigación y Prueba de Materiales y Tecnologías (EMPA), otro de los participantes en el proyecto.

Dos ejemplos disímiles

A un poco más de media hora de Lima queda la fundición MEPSA (Metalúrgica Peruana SA), fuente de sustento para más de 300 familias, 650 proveedores de chatarra, energía, materias primas y agua para la fabricación de bolas de molienda empleadas por minas peruanas, chilenas y estadounidenses.

Carece de instalaciones modernas, su horno consume demasiada energía y a través de la tolva despide un humo amarillento que incomoda a los vecinos y supone un riesgo de contaminación por el asentamiento de polvo con partículas de oxido en el medio ambiente y los cultivos adyacentes. La posibilidad de demandas se cierne como una espada de Damocles sobre el precario futuro de MEPSA.
Para colmo de males, la apertura del mercado ha echado por tierra los precios de las bolas de molienda y arrinconado a la empresa contra la pared de la bancarrota. Necesita cinco millones de dólares para salir a flote y aún no encuentra una fuente de crédito.

En resumen, MEPSA gasta demasiada energía, crea un alto volumen de residuos, produce sin rentabilidad y pierde tiempo. No es una industria sostenible a largo plazo.

A pesar, o precisamente a raíz de su estrechez económica, ha contratado los servicios del CET, cuyo diagnóstico y recomendaciones podrían mostrarle la salida del túnel.

La otra cara de la medalla está a pocos kilómetros, el grupo Backus, actor dominante del mercado de la cerveza y una de las cinco empresas industriales más gravitantes en Perú. Tiene un capital bursátil de unos mil millones de dólares y aporta al Fisco casi 350 millones.

Dispone de plantas modernas completamente automáticas en una superficie de 350.000 metros cuadrados, produce 134.000 litros de cerveza en ocho horas y 74 millones de cajas de cerveza al año con sólo un centenar de trabajadores en planta.

Sin embargo, genera empleo para unas 15.000 personas en el país. La tecnología de punta en sus calderos, purificadores de agua y sus silos de 800 toneladas permiten a Backus ahorrar energía, tiempo, espacio y dinero.

Estas dos caras de la medalla ilustran las marcadas diferencias de intereses y de posibilidades de las empresas en Perú, sin hablar de las micros y pequeñas. Con este telón de fondo, el Centro de Eficiencia Tecnológica se propone impulsar la 'producción limpia' ofreciendo instrumentos adecuados a tal fin.

El camino es largo, pero tiene buenos argumentos para llegar a su meta final: un marco legal para la producción más limpia y eco-eficiente en Perú.

Juan Espinoza

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