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Antisemitismo en Suiza

La Europa cristiana fomentó el odio a los judíos en la Edad Media

Las fantasías del odio no tienen límite si se trata de incriminar a la comunidad judía. Ilustración del panfleto antisemita “La honradez de los judíos” (1571). archive.org

La pandemia del coronavirus volvió a poner de manifiesto que casi todas las narrativas conspirativas culpan de todos los males de este mundo a los judíos. Estas mentiras hoy muy extendidas tienen su origen en la Europa medieval. Durante siglos se divulgaron atrocidades inventadas sobre los judíos, como que sacrificaban a los niños, que envenenaban los pozos o que extorsionaban a los cristianos.

Este contenido fue publicado el 13 agosto 2022 - 09:00

Una célebre historia de supuestas atrocidades cuenta que los judíos han tramado una conspiración contra el resto del mundo. El patrón de todas las teorías de la conspiración sigue siendo igual de eficaz que antaño gracias a la proliferación de los discursos en los chats de todo el mundo. En estos foros se asegura que detrás de los problemas del mundo están judíos con mucha habilidad en el manejo del dinero, y algunos discursos de odio aún más radicales pintan a los judíos como monstruos bestiales, como se pudo comprobar recientemente en la muestra Documenta de Kassel. Durante la pandemia también se extendió la idea en las redes de que los judíos eran los culpables de la emergencia sanitaria mundial.  

Todavía hoy, hablar sobre judíos siempre entraña el peligro del uso de estereotipos difamatorios. El origen de estas historias atroces, que alimentaron el antisemitismo a lo largo del último milenio, se encuentra en la Europa de la Plena y Baja Edad Media, época caracterizada ya por las persecuciones y los pogromos, también en Suiza.

La marginación de la comunidad judía

Por un lado, es cierto que para el cristianismo como secta judía era fundamental desde el principio diferenciarse del judaísmo. De hecho, la comunidad judía en Europa tuvo que hacer frente a la exclusión y demonización de su religión a partir del momento en que el cristianismo empezó a imponerse. A los judíos se culpó de la muerte de Jesús. Pero por otra parte, también es verdad que pasaron más de mil años hasta que el antisemitismo violento se convirtió en un hecho cotidiano para las comunidades hebreas en Europa.

El estado de ánimo general cambió con la primera Cruzada en torno al año 1100. Empujadas por ansias de redención, hordas de fanáticos religiosos de todas las capas sociales se embarcaron rumbo a Oriente para ir a matar a los gentiles y liberar a Jerusalén. Al mismo tiempo les parecía lógico combatir a los enemigos de Cristo en sus propios países. Por eso vejaron a los judíos y les obligaron a decidirse entre la muerte y el bautismo.

Como consecuencia de las persecuciones en la época de las cruzadas, las comunidades hebreas necesitaron más protección. De todas maneras, a los judíos ya se les había vetado el ejercicio de una serie de profesiones. Así, por ejemplo, se les prohibía entrar en los gremios y las corporaciones de artesanos. Por medio del cobro de exorbitantes tributos de protección, las autoridades medievales lograron así empujar a los judíos a dedicarse al negocio crediticio cuyo ejercicio estaba prohibido a los cristianos. En algunas ocasiones fueron incluso obligados al negocio bancario. A finales del siglo XI, el Papa permitió a los hebreos de forma explícita el cobro de intereses, mientras que para los cristianos era considerado un pecado. En realidad, se trataba de un regalo envenenado.

En el siglo XIII, la marginación de las comunidades hebreas se convirtió en un dogma eclesiástico. En 1213, el papa Inocencio III, un afanoso reformista del Derecho canónico, convocó el IV Concilio Lateranense. Cerca de 1500 delegados de todas las provincias viajaron a Roma para debatir durante meses sobre los asuntos centrales de la Iglesia católica. Se debatió sobre la necesidad de las cruzadas, pero también sobre cómo había que tratar a los grupos heréticos como los valdenses.

Una serie de cuestiones afectaban la vida de las comunidades hebraicas de forma directa e indirecta, como por ejemplo la demanda que exigía que se obligara a los judíos a llevar un distintivo en su vida cotidiana, imponiéndoles con ello un estigma similar a otros grupos marginales como las rameras, los mendigos y los leprosos.

A esta medida se añade el hecho de que los clérigos condenaron aun con mayor vehemencia el cobro de intereses, a sabiendas de que solo unas décadas antes se les había permitido a los judíos este tipo de negocio. Los judíos se convirtieron así en una especie de “pararrayos socioeconómico”.

Ilustración del supuesto asesinato ritual de Rodolfo en la Crónica pictórica de Diebold Schilling. Los judíos son fácilmente reconocibles gracias a los sombreros puntiagudos que debían llevar. Diebold Schilling, Amtliche Berner Chronik

La mentira de los asesinatos rituales 

Sin embargo, los intereses económicos de los deudores de los judíos siguieron siendo durante mucho tiempo más bien un factor soterrado de la evolución, mientras que se justificaban con motivos religiosos las vejaciones cometidas contra los judíos. Consecuencias indirectas tuvieron para las comunidades hebreas los debates conciliares sobre el rito de la misa: el IV Concilio Lateranense introdujo en la ortodoxia el dogma de que la hostia era el cuerpo de Jesucristo y el vino sagrado, su sangre. Esta doctrina se debía a la circunstancia de que se acentuaba cada vez más el relato de la Pasión de Jesucristo.

A raíz de estos cambios se empezó a divulgar en el siglo XI la teoría de la conspiración que decía que los judíos sacrificaban a los niños cristianos. La leyenda se extendió primero en Inglaterra, luego en Francia. En 1294 se halló un niño muerto en la ciudad de Berna, llamado Rodolfo de Berna. Inmediatamente se echó la culpa de su asesinato a un grupo de hebreos. A pesar de que los magistrados no creían en la teoría del asesinato ritual, decidieron expulsar a los judíos de la ciudad. A partir de ese momento, Rodolfo de Berna se convirtió en mártir: sus restos mortales permanecieron en el altar de la gran catedral hasta la Reforma, cuando fueron trasladados primero a una sepultura con un letrero que indicaba que había sido asesinado por judíos. No fue hasta el siglo XIX cuando el obispo de Basilea puso en duda su condición de santo.

Aún hoy, la expulsión de los judíos de la ciudad de Berna en 1294 suscita debates que suelen girar en torno a la cuestión de si la icónica fuente del devorador de niños evoca el recuerdo del asesinato de Rodolfo. Existe una razón que sustenta esta teoría: el sombrero que lleva el devoraniños. Según algunos críticos, hace recordar los sombreros puntiagudos que los judíos estaban obligados a llevar como distintivo desde el siglo XIII.

Al principio se describía el sufrimiento de los niños en términos parecidos a la Pasión de Jesucristo. Con frecuencia se afirmaba que los niños eran crucificados y que los judíos habían repetido su pecado con un niño cristiano. Pero con la progresiva divulgación de la leyenda en Europa se empezaba a justificar el supuesto instinto asesino de los judíos cada vez más con su presunta sed de sangre. Se decía que los judíos necesitaban la sangre para cocinar el pan ácimo, que los hebreos suelen preparar para la Pascua judía, o para sus rituales secretos. El culto a la sangre cristiana se reflejaba en el odio a los proscritos.

Recientemente, el relato de horror de los asesinatos rituales cobró un nuevo impulso con la teoría de la conspiración que dice que la “élite hollywoodense” extrae una hormona vivificadora —el adrenocromo— de la sangre de los niños. Keystone / Christian Monterrosa

La mentira del envenenamiento de las fuentes: disociación de la religión

Según la historiadora del arte Sarah LiptonEnlace externo se produjo en esa época también una transformación en la ilustración gráfica de los judíos en el arte europeo. Se empezó a representar entonces a los judíos de forma individual, separados de los cristianos. En las nuevas ilustraciones de la Pasión de Jesucristo los judíos llevaban las insignias que se les había impuesto poco tiempo antes, como los sombreros o los anillos amarillos, color que se asociaba a la avaricia, la envidia y la soberbia. Pero también se pintaron de manera distinta sus rostros. Sus narices adquirieron entonces la forma curvada típica para la posterior teoría racista del nacionalsocialismo. Se pintaban así para demonizarlos, pues a Satán se solía representar ya desde hacía tiempo con una nariz curvada.

La nariz curvada, casi rostrada del diablo simbolizaba con su fealdad la maldad. British Library Board /Arundel 157 f.5v

Al mismo tiempo, el antisemitismo se fue disociando gradualmente de los razonamientos teológicos. Cuando a finales del siglo XIV la peste arrolló Europa, empezó a circular otra mentira influyente sobre los judíos: se les echó la culpa del envenenamiento de las fuentes y, por tanto, de haber llevado la Peste negra a las poblaciones cristianas.

Las persecuciones contra los judíos que a continuación se sucedieron en toda Europa, no fueron el resultado de un movimiento de pánico colectivo. Las oleadas de pogromos fueron provocadas precisamente por las noticias falsas que se divulgaron sobre las comunidades hebreas.

Así, por ejemplo, en el año 1348, un médico hebreo confesó bajo tortura que unos confabuladores judíos habían preparado un veneno que luego enviaron a la diáspora judía con el encargo de envenenar las fuentes de los pueblos cristianos. Las autoridades enviaron copias de la Confesión de Lausana a Friburgo, Berna y Estrasburgo, desde donde se extendió en todo el Sacro Imperio Romano Germánico. Las ciudades intercambiaban las experiencias que hacían con la expulsión y la destrucción de las juderías . Cada vez que llegaba una noticia a un lugar, se allanaban moradas y se practicaba la tortura, medidas que solían desembocar en la destrucción de la aljama local. En 1348, las ciudades suizas de Berna, Burgdorf, Soleura, Escafusa, Zúrich, San Galo y Rheinfelden destrozaron sus respectivas aljamas o expulsaron a la entera población judía.

A principios del año 2020, empezaron a circular en poco tiempo memes que responsabilizaban a los judíos de la pandemia del coronavirus. Este meme declara agente patógeno hasta a las caricaturas antisemitas. ADL

En 1349, concejos vacilantes como Aarau o Winterthur fueron incitados por otras ciudades a que también ajusticiaran a sus judíos, lo que luego llevaron a cabo. En Basilea, el regimiento expulsaba todavía en 1348 a criminales que habían destrozado el cementerio judío. Pero un año más tarde, el concejo municipal decretó la expulsión de todos los judíos de la ciudad y ordenó quemar a centenares de hebreos que fueron encerrados en una casa de madera en una isla del Rin construida a propósito para esta ocasión. 

Condenados en ausencia: la mentira del judío rico

En torno al año 1400 hubo primeras voces contemporáneas que trataban de construir un vínculo explícito entre las persecuciones y el papel económico que los judíos estaban obligados a desempeñar. El cronista estrasburgués Fritzsche Closener afirmaba que el verdadero veneno que causaba la perdición de los judíos era el hecho de que mediante su expulsión también era posible deshacerse de las deudas contraídas con ellos.

Incluso después de los pogromos inmediatamente posteriores a la Peste negra se volvieron a establecer muchas comunidades judías en las ciudades de toda Europa. Sin embargo, esta vez se cumplieron con mayor rigor los preceptos eclesiásticos que exigían la estricta separación de ambas comunidades religiosas. En Zúrich se quemaba a las rameras que se habían acostado con judíos y se humillaba públicamente con sombreros judíos puntiagudos colocados sobre sus cabezas a aquellas que mantenían relaciones íntimas con ellos. Se castigaba a cristianos que bailaban o festejaban con judíos. En Basilea, los judíos ya no podían tocar ningún alimento en los mercados. Y en Ginebra se asignó a los judíos un gueto, que desde finales del siglo XV tuvieron que compartir con las prostitutas.

El patrimonio de numerosos prestamistas hebreos se redujo considerablemente en el siglo XIV debido a las expulsiones y las liquidaciones arbitrarias de las deudas que habían contraído con ellos sus prestatarios. Se habían relajado los requisitos, por lo que cada vez más competidores cristianos entraron en el negocio crediticio. Los judíos se vieron obligados a retirarse al negocio de los préstamos sobre prendas, cuya naturaleza se consideraba como particularmente reprobable por las pérdidas de tierras y casas que muchos prestatarios sufrían.

Especialmente los hidalgos venidos a menos asociaban su decadencia económica a los elevados intereses de los judíos, incluso si estos eran la última esperanza para acceder a capital. Aquí los judíos aparecen como cabezas de turco para un cambio estructural de la economía que se estaba emancipando del feudalismo para convertirse en una economía dominada cada vez más por el comercio urbano.

El meme antisemita “El feliz comerciante” existe en un sinfín de variantes en las redes. Muestra a un hombre con nariz curvada que se frota las manos y es utilizada como símbolo para la aserción de que los judíos dominan el mundo y que amplían continuamente su influencia sobre el mundo. En esta variante acrecientan su poder de influencia a través de la vacunación contra la COVID. ADL

Precisamente cuando el reproche de la usura que se hacía a los judíos estaba perdiendo fuelle por la progresiva disminución de su peso en la economía, se convirtió la logrería en el principal motivo para su persecución, pues ya eran prescindibles.

En toda Europa se comenzó a expulsar definitivamente a los colectivos hebreos de las ciudades. En determinadas ocasiones, pudieron quedarse todavía algunos médicos o determinadas familias que seguían la ley mosaica. A finales del siglo XV, se expulsaron también de Suiza a todas las comunidades hebreas de las ciudades. Huyeron hacia el Este o se establecieron en regiones rurales.

Pero el odio a los judíos no desapareció con su ausencia: en los Misterios de la Pasión se ridiculizaba cada año al judío diabólico y se reproducía el cuento del judío obsesionado con el dinero y sediento de sangre.

Culto sanguíneo antisemita como crítica a las modernas prácticas comerciales. wikicommons

El antisemitismo no se adscribe únicamente al catolicismo. La ciencia histórica atribuye a Martín Lutero con sus arengas de odio contra los judíos un papel central en la transmisión del antisemitismo de la época medieval a la moderna.

En ausencia, se proclama que los judíos encarnan el principio del mal, la nocividad económica y la depravación de lo divino. El antisemitismo se transforma en un hecho folklórico y los relatos paranoicos sobre los judíos se convierten en clave para explicar cualquier tipo de cismas históricos o períodos de inseguridad.

El antisemitismo contemporáneo bebe de todas estas fuentes. En el siglo XIX, los judíos se convierten nuevamente en “pararrayos” del cambio social. El odio a los judíos se envuelve con teoremas biológicos y se empiezan a desarrollar las teorías racistas que terminan con su aplastante marcha triunfal por Europa y el mundo.

Editado del alemán por Antonio Suárez Varela.

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