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Un siglo a través de dibujos infantiles

Un siglo de historia a través del dibujo infantil se conserva en Zúrich. Stiftung Pestalozzianum

Más de 50.000 dibujos –entre ellos, los de los jóvenes Dürrenmatt, Carigiet y Piatti- se conservan en un sótano de Zúrich. Una historiadora del arte analiza con ellos las transformaciones sociales, políticas y didácticas sucedidas en el último siglo.

Este contenido fue publicado el 24 marzo 2013 - 11:01
Luca Beti, Oerlikon (Zúrich), swissinfo.ch

Anna Lehninger se mueve con precisión, como un metrónomo, en el sótano de la periferia zuriquesa. En su sala de trabajo, abre algunas cajas de cartón, y tras hojear algunos folios, vuelve con algunos en mano. Los observa atenta y en su rostro se diseña una expresión de sorpresa.

La causa: unos dibujos realizados con la técnica de collage, que fue accesible en los hogares suizos con el boom económico. Son figuras de monstruos, como Frankenstein, testimonios de una época precisa, como lo son los otros 50.000 diseños conservados en el archivo de la Fundación Pestalozzianum, en Oerlikon.

Dibujos de todo el mundo

Este archivo es un espacio representativo del arte pictórico infantil mundial del último siglo.

La colección de dibujos de países como Suecia y Japón permite conocer a fondo los métodos y programas de enseñanza. Es posible confrontar a través de analogías y diferencias, la educación figurativa del dibujo en Suiza con la del extranjero.

“Por ejemplo, en la década de los años 30, los objetivos didácticos en la otrora Checoslovaquia eran similares a los perseguidos en Zúrich”, indica Lehninger. “En ese periodo, los dibujos de Múnich ya estaban impregnados de la ideología y de la forma expresiva del nacionalsocialismo”.

En el futuro, la Fundación Pestalozzianum  quiere intensificar la cooperación con otros países para encontrar los dibujos de niños suizos en el extranjero y para entender la influencia posible en la didáctica del dibujo en otros países, a través de las muestras itinerantes organizadas por esta institución helvética.  

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Cuando Dürrematt rompió un reloj

La historiadora de 33 años nacida en Viena, quien desde hace diez años, vive, estudia y trabaja en Zurich, ha tenido muchos momentos de sorpresa desde 2010, cuando inició sus descubrimientos en estas cajas repletas de dibujos.

Por ejemplo, el día en que, casi por azar, se topó con los dibujos del joven Friedrich Dürrenmatt, aquel que años después escribió La visita de la vieja dama y Los físicos, obras teatrales de fama internacional.

Son sus dibujos trazados a lápiz, de tonalidades grises o coloridas y a veces a tinta, que recuerdan la precoz pasión por la pintura, la historia y los personajes épicos del conocido artista.

Los esbozos, de 1934, presentan personajes valientes, como indios americanos o Adrian von Bubenberg, legendario defensor de la ciudad de Murten, durante el asedio borgoñés en 1476.

“En realidad, estaba buscando otro dibujo de Dürrenmatt, publicado en un calendario Pestalozzi de la década de 1930, y en el que el escritor suizo había representado una histórica batalla de los confederados. Este dibujo aún no lo he encontrado y temo que ya no forma parte de la colección”, lamenta Anna Lehninger.

El chico de trece años, Fritz Dürrenmatt, como firma al reverso de estas hojas, envía sus trabajos al concurso anual de dibujo para el Calendario Pestalozzi. Y lo hace habiendo derramado algunas lágrimas el año precedente.

“Dürrenmatt había participado en el concurso anterior, en el que ganó el primer premio: un reloj de bolsillo. Preso de la emoción al recibir el galardón, Friedrich deja caer el precioso objeto que se rompe en el suelo, sin remedio. Probablemente envía sus nuevos dibujos con la esperanza de adjudicarse de nuevo un reloj. Pero esta vez el jurado solo le dará una mención”, comenta la historiadora del arte.

Historia del archivo

El Archivo de Dibujos Infantiles y Juveniles forma parte de la colección de la Fundación Pestalozzianum, de Zúrich.

Fundado en 1932 como Instituto Internacional para el Estudio del Dibujo, el archivo documenta la evolución de la enseñanza del dibujo en la escuela. Su primer director, Jakob Weidmann (1897-1975), busca renovar la educación figurativa, liberándola del ejercicio tradicional de copiar un modelo determinado.

Bajo esta premisa, Weidmann mantiene contactos con docentes de otros países, como Japón, Suecia o India. El profesor de dibujo colabora con estos países en la realización de numerosas muestras itinerantes para difundir la nueva manera de concebir la didáctica del diseño.

El archivo se ha enriquecido con nuevas colecciones privadas, entre ellas, la que se creó a través del concurso del Calendario Pestalozzi, con 22.000 dibujos.

Por ahora, del total de 50.000 dibujos de estos archivos, solo 400 han sido digitalizados.

Anne Lehninger, colaboradora del proyecto del Instituto para la Cultura Popular de la Universidad de Zúrich, analiza los dibujos desde el punto de vista antropológico y cultural. La colección está a disposición de otros investigadores.

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Otros nombres importantes

Las obras tempranas de Dürrenmatt no son los únicos tesoros conservados en el archivo. Anna Lehninger descubrió un retrato hecho por el pintor e ilustrador de cuentos infantiles, Alois Carigiet. En un folio amarillento se encuentra el perfil del hermano de este artista grisón, autor de las ilustraciones del libro Schellenursli, la más famosa de estos libros infantiles cuyos dibujos fueron realizados por Carigiet.

También el archivo resguarda el retrato a mano del hijo de Albert Einstein, Eduard, de trece años de edad; o los rasgos de Celestino Piatti, renombrado grafista y pintor tesinés; o el dibujo de Globi, un papagayo bien conocido en Suiza, dibujado por el joven Kaspar Villiger, que se convertiría  después en miembro del Gobierno helvético.

Pero el atractivo de este archivo no se limita a estos ejemplos, sino que se fundamenta en la riqueza y variedad de todas las obras que reúne. Sus 50.000 dibujos provienen de cerca de 25 países. Fueron realizados por niños y jóvenes  durante sus clases de dibujo o con ocasión de un concurso en Suiza o en el extranjero.

La colección de la Fundación Pestalozzianum figura entre las más importantes de Europa, las de Viena, Praga, Mannheim y Lausana.

Al contemplar estos dibujos podemos observar los cambios en la sociedad a lo largo de un siglo y los hechos significativos acaecidos durante este periodo, además de la evolución en la didáctica del dibujo.

“Es un material para investigar por décadas. Es muy interesante ver cómo los niños han dibujado la realidad que les circundaba”, indica Lehninger.

Reflejo de los acontecimientos

El siglo XX fue escenario de acontecimientos históricos que marcaron especialmente el imaginario de estos jóvenes dibujantes: la defensa nacional, la Segunda Guerra Mundial –representada con los padres, los tíos o los primos vestidos de soldados; o la batalla intercultural–,  las competiciones deportivas o el primer hombre que pisó la Luna.

Estos bosquejos son también un reflejo de los procesos sociales, sobre todo, en el seno familiar. “Se observa que en los años 1970, los papeles en casa estaban bien definidos y respetaban las tradiciones de antaño. En la década siguiente, los hijos dibujan a un padre que ordena la cocina o da el biberón al bebé, para ceder el lugar a la madre frente al volante del auto”, indica la investigadora.

Anna Lehninger descubre entre trazos y pinceladas coloridas la historia narrada a través de los ojos de los niños y jóvenes.

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