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Chagall en Lugano

El director del museo, Rudy Chiappini, y la sobrina de Chagall, Meret Meyer al lado de "Le Marchand de Bestiaux". Keystone

En el Museo de arte moderno de Lugano, la muestra antológica de Marc Chagall se abre al público este jueves 8 de marzo. Se trata de una de las mayores exposiciones del artísta ruso.

Este contenido fue publicado el 07 marzo 2001 - 12:21

Se exponen 80 óleos sobre tela y 40 dibujos originales en acuarela o lápiz y, excepcionalmente, 6 esculturas del gran maestro ruso de la pintura del siglo XX.

La disposición de las obras es cronológica, con paréntesis de un sólo tema, presentado en diferentes momentos de la historia del artista. Un recorrido que comienza con los cuadros del periodo de aprendizaje y que corresponde a los años 1908-1910, cuando Chagall, que había nacido en Vitebsk, Bielorusia, tenía 21 años.

Primogénito de una modesta familia hebrea, estudió en San Petersburgo y, más tarde, en París, gracias a una beca. En la capital francesa, Chagall, que ya se las arregla de maravilla con los colores primarios (brillantes amarillos, decididos verdes, rojos violentos, rotundos azules), conoce un momento decisivo en su carrera: entra en contacto con el fauvismo.

En tierras de Francia su pintura se llena además de una nueva luz, clara y serena como la madurez que está adquiriendo en esos años.

También se pone en contacto con impresionistas y surrealistas, sin llegar nunca a formar parte de escuelas pictóricas, las cuales le pasan delante, influenciándolo, naturalmente, pero dejándole la libertad de ser quien es: un solitario, un "explorador de los ritmos interiores de la existencia", como escribe en el catálogo dedicado a la muestra el director del museo, Rudy Chiappini.

Chagall regresará a su ciudad natal durante la Primera Guerra Mundial y más tarde se establecerá de nuevo en París. Emigrará a Norteamérica cuando la situación en Europa se volverá difícil para el pueblo hebreo.

Finalmente, durante sus últimos años, atracará su barca junto a la amada luz mediterránea, en Francia.

Durante este periodo final, el artista vuelve a tratar temas bíblicos o de carácter familiar. Es un regreso al pasado en el que sus telas recuperan esa misma visión angustiada de la vida que se encontraba en sus trabajos juveniles. Muchos de ellos, perdidos y vueltos a pintar.

André Bretón, quien consideraba a Chagall un precursor del surrealismo, dijo: "La metáfora le debe su entrada triunfal en la pintura moderna". Es interesante notar que, mientras Sigmund Freud teorizaba sobre la existencia de las dimensiones del inconsciente, del sueño, del deseo, como independientes de la conciencia o, por lo menos, paralelas a ésta, Chagall mostraba todo ello con una evidencia que hubiera podido ser embarazosa.

Embarazosa si su genio no nos hubiera presentado, en cambio, un viaje interior, subjetivo pero también universal (de toda la humanidad): el viaje de la memoria hacia la vida infantil habitada por sueños felices o terríficos.

Marc Chagall es el poeta de la ternura, el artista que nos conmueve con la dulzura de ciertas figuras fantásticas o humanas.

Y, más allá del carácter inmediatamente popular de su pintura, se siente que allí dentro vive un testimonio de nuestro tiempo, agudo y sagaz. Un como reflejo de los acentos trágicos que el siglo apenas superado ha sabido imprimir en la inquieta conciencia contemporánea.

La exposición podrá ser visitada hasta el 1º de julio del 2001.

Lupita Avilés, Lugano

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