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Cómo la ‘amenaza extranjera’ ha forjado la industria relojera suiza

Los relojes de fabricación suiza (Swiss Made) de gama básica sufren la competencia de los relojes conectados. Rdb By Dukas / Candid Lang

El Apple Watch y los relojes conectados (smartwatch) de Norteamérica y Asia son un peligro potencialmente mortal para la relojería suiza. Repaso de las crisis históricas que ha sorteado este sector, conocido como el buque insignia del Swiss Made.

Este contenido fue publicado el 31 julio 2021 - 11:00
Béatrice Koncilja-Sartorius

¿La pandemia ha provocado una crisis "histórica" para la industria relojera? En 2020, Suiza vio cómo sus ventas de relojes en el extranjero se desplomaban un 22%, hasta los 17 000 millones de francos. Desde el colapso financiero de 2008-2009 no se había producido una caída de esa magnitud. Paradójicamente, en el punto más álgido de la crisis sanitaria, las ventas de los relojes conectados crecieron un 20%, asestando un duro golpe al segmento de relojes de gama baja Swiss Made (de fabricación suiza).

Tras el repunte de ventas a principios de 2021, Pierre-Yves Donzé, profesor de la Universidad de Osaka y especialista en historia de la relojería, confía en que se trate de una crisis puramente cíclica. Sin embargo, no puede descartarse que sea “un comportamiento que refuerza una sólida tendencia observada desde hace 20 años, o sea, una caída del volumen [ventas] y un fortalecimiento del sector del lujo”, reconoce el experto.

La industria relojera suiza ha vivido tres crisis estructurales importantes. Aunque los desenlaces han sido distintos, todas tienen en común la amenaza de la competencia extranjera como consecuencia de modelos comerciales nuevos y más competitivos.

"¡Despierten, señores!"

En 1870, Suiza domina la industria con un 70% de la producción mundial de relojes. Esto cambia con la Exposición Mundial de Filadelfia. La American Waltham Watch Company presenta la primera máquina para producir tornillos de precisión de forma automatizada y una novedosa cadena de producción de relojes. Este revolucionario concepto permite producir piezas de movimiento precisas e intercambiables. 

En los talleres de la Waltham Watch Company, Massachusetts, 1887. Classic Image / Alamy Stock Photo

A su regreso de Estados Unidos, Jacques David, ingeniero de Longines y miembro de la delegación suiza, escribe un impactante informe: "Señores relojeros suizos, ¡despierten!" para alertarlos sobre lo que se avecina. Estandarización, mecanización de los componentes, producción en masa de relojes baratos, concentración vertical: y, de hecho, a partir de 1890, los estadounidenses destronan a Francia y se convierten en la segunda nación relojera.

Suiza tiene que reaccionar. Sus exportaciones relojeras a Estados Unidos, su principal mercado, han caído de 18,3 millones de francos en 1872 a 3,5 millones en 1877. Un trabajador estadounidense produce 150 relojes al año, mientras que uno suizo, solo 40. Jacques David se vuelca en modernizar los procesos de producción. En el Jura BernésEnlace externo y al pie de la cordillera del Jura se construyen las primeras grandes fábricas con cientos de trabajadores no cualificados. A partir de entonces, la producción mecanizada en fábricas de relojes de gama media y baja empieza a convivir en Suiza con la relojería de alta gama y de precisión.

Reloj de bolsillo de la marca Waltham de finales de la época victoriana Rachel K. Turner / Alamy Stock Photo

Monopolio y disidentes

Al final de la Primera Guerra Mundial, la industria relojera suiza –reorientada hacia el armamento durante el conflicto- padece dos males: un parque industrial sobredimensionado y una caída constante de los precios. En 1922, en Pforzheim (Alemania) nace una industria relojera "desde cero", gracias al llamado chablonnage. Esta práctica –que consiste en vender los movimientos de los relojes por piezas para luego ensamblarlas en el extranjero, lo que permite reducir los costes de mano de obra y eludir los derechos de aduana–, preocupa a los empresarios relojeros suizos. La competencia estadounidense sigue siendo feroz, al igual que la transferencia industrial de Suiza. En 1912, la empresa estadounidense Bulova abre su primera fábrica de componentes de relojes en Biel.

Para combatir la fabricación de relojes en el extranjero con el sello Swiss Made, en 1926 se crea ÉbauchesEnlace externo, el primer cartel de la industria relojera suiza. La producción, los precios y la política de exportación están sujetos a acuerdos a partir de ahora. La Gran Depresión intensifica el proteccionismo: en 1931 se funda la Sociedad General de la Industria Relojera Suiza (ASUAG). 

Una trabajadora relojera en la fábrica de Thorens en Sainte-Croix, en el cantón de Vaud, 1938. Fotostiftung Schweiz / Theo Frey

Este “superholding” libra una férrea batalla económica contra las empresas disidentes. La Confederación interviene con decretos y legaliza el cartel: el Estatuto de la Relojería establece un permiso de exportación y fabricación (1934) y aranceles fijados por los patrones (1936). “El intervencionismo de Estado permitió pacificar las relaciones entre los sindicatos y los empresarios de la industria. Todos temían la doble amenaza de la revolución o el totalitarismo”, según recuerda el historiador Johann Boillat.

El "mito" del cuarzo

Durante los años “Treinta Gloriosos” de la industria relojera, la creciente competencia internacional conduce a la liberalización del sector. El Estatuto de la Relojería es abandonado en 1971. A finales de los años 1960, el sector tiene 90 000 trabajadores y 1 500 empresas, frente a los 30 000 empleados y 500 o 600 empresas en 1985. La crisis estructural de 1975-1985 se atribuye entonces a la competencia del cuarzo. Una innovación tecnológica de origen suizo a la que los japoneses supieron explotar mejor.

Para Pierre-Yves Donzé, sin embargo, esto es un “mito”. Sus investigaciones han demostrado que la revolución del cuarzo no fue el origen de la crisis, sino que simplemente reforzó sus efectos. El problema fue, en primer lugar, el sistema de producción, protegido por el Estatuto de la Relojería, y la persistencia del modelo dual: la producción no racionalizada de relojes de calidad (con la excepción de Rolex) frente la producción en masa y de baja gama (por ejemplo, relojes Roskopf). Su rival japonés Seiko, en cambio, supo combinar estas dos modalidades para sacar al mercado relojes de producción en serie de alta calidad, más precisos y también más baratos.

Afp / Yoshikazu Tsuno

El aspecto monetario también penaliza a Suiza. Con la abolición del sistema de tipo de cambio fijo en 1973, el franco se aprecia frente al dólar. Así, los relojes de fabricación suiza se vuelven inasequibles en su principal mercado. De un 83% en 1970, la cuota de las importaciones suizas en Estados Unidos cae a menos del 59% en 1975.

La reconquista

Suiza ya no cree en el reloj mecánico. A Omega le cuesta vender sus relojes electrónicos. Las dos grupos dominantes, ASUAG y SSIH, están al borde de la quiebra. Los dos grandes bancos UBS y SBS acuden al rescate y piden a Nicolas Hayek que tome el timón y enderece el rumbo. ¿Cuál es su plan? Reunir a todas las casas relojeras bajo un mismo techo. Y, por una vez, un consorcio de bancos financia el rescate.

De la fusión de ASUAG y SSIH nació la Sociedad Suiza de Microelectrónica y Relojería (SMH), la precursora del Grupo Swatch. Y Nicolas Hayek, junto con un grupo de inversores, se hace con la mayoría del capital. En 1985, tras los Acuerdos de PlazaEnlace externo, el yen se fortalece frente al dólar y pierde competitividad frente al franco. Y esto justo en el momento en que Swatch comienza una deslumbrante reconquista de los mercados.

Traducción del francés: Andrea Ornelas

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