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Historia

Antisemitismo en Suiza

Desde hace siglos, muchas personas tienden a recurrir a modelos explicativos antisemitas en situaciones de crisis. También Suiza tiene una larga historia con este tipo de patrones interpretativos, que alcanza desde la aparición de los primeros estereotipos antisemitas hasta los esfuerzos por superarlos.  

Este contenido fue publicado el 01 septiembre 2022 - 11:00
David Eugster (Texto), Skizzomat (Ilustración)

“Con la pandemia salen clichés antisemitas a la superficie, como sucedía en siglos anteriores”, dijo Jonathan Kreutner en 2021, en pleno auge de la pandemia del coronavirus. Kreutner es secretario general de la Federación Suiza de las Comunidades Israelitas (FSCI).

En 2021, la FSCI y la Comisión Federal contra el Racismo publicaron un informe sobre el antisemitismo en el que se constató que también en las crisis actuales se seguía satisfaciendo con prejuicios antisemitas la necesidad de buscar chivos expiatorios: “Rápidamente se identifican como culpables a los judíos y judías, como se hacía antaño.”

También en Suiza vuelven periódicamente los estereotipos antisemitas. Según una encuesta de la Oficina Federal de Estadística de 2020, un 39% de la población tiende a recurrir a estereotipos antisemitas; estas personas piensan que los judíos son, en general, ávidos de poder, codiciosos y radicales políticamente.

Debate encendido en torno a las cuentas inactivas

Cuando se analizó la política de refugiados suiza durante la Segunda Guerra Mundial, se evidenció que, desde finales del siglo XIX, las estrategias de la policía de extranjería, dirigidas a proteger el país de la “sobrepoblación judía”, marcaban las pautas en el trato que se daba a los judíos.

Incluso después de que se publicaran en los años 1960 los primeros reportajes periodísticos sobre el tema, se siguió silenciando el Holocausto en Suiza. Pero en 1995, el pasado regresó con fuerza. Entonces, supervivientes del Holocausto presentaron una querella en Estados Unidos porque los bancos suizos les negaron el acceso a sus cuentas. 

Al final, los bancos suizos se comprometieron a indemnizar a los supervivientes y sus descendientes con 1 250 millones de francos. A continuación, se inició un proceso inaudito de recuperación de la Historia suiza durante la Segunda Guerra Mundial que desembocó en la publicación del denominado informe Bergier.

Pero Suiza estaba dividida: en un sondeo realizado por la SSR (Sociedad Suiza de Radiodifusión) en 1997, un 53% de los encuestados consideró legítimas las demandas dirigidas contra Suiza, mientras un 47% opinó que debían ser rechazadas.

Incluso el entonces consejero federal Jean-Pascal Delamuraz veía en las demandas un “chantaje (…) de ciertos grupos” que pretendían “desestabilizar” la plaza financiera helvética, retomando así el estereotipo antisemita del judío codicioso.

En cartas al director se aplaudían estas declaraciones, mientras que la Comisión contra el Racismo en Suiza lamentaba que en el debate volviera a resurgir de manera desenfrenada un antisemitismo hasta entonces latente.

Orígenes del antisemitismo

El odio a los judíos tiene sus orígenes en la Edad Media. Entonces se desarrolló en Europa un antijudaísmo religioso y económico, cuyas imágenes siguen circulando hasta el día de hoy. Los judíos fueron proscritos y perseguidos como portadores de enfermedades, infanticidas y usureros. En el siglo XV fueron expulsados de la mayoría de las ciudades de la Confederación, al igual que en el resto de Europa.

Todavía en el siglo XIX, el reconocimiento de los judíos como ciudadanos suizos con los mismos derechos encontraba cierta oposición. Sus detractores los difamaban como herederos de Judas, quien había traicionado a Jesucristo. Hasta el año 1866 fueron tratados legalmente como extranjeros. En comparación con otros países europeos, la emancipación de los judíos se produjo en un momento bastante tardío en Suiza.

El antisemitismo no conoce de orientación política ni de pertenencia de clase. También las críticas de la izquierda contra Israel traspasan a veces el límite de la demonización antisemita. Erik Petry, director del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Basilea, dijo sobre Benjamin von Wyl: “Con frecuencia se crea una mezcla tóxica que no se basa, precisamente, en una crítica a la política del Estado, sino en la suposición de que existe un comportamiento inmoral que está relacionado con ser judío.”

O como lo expresó en declaraciones a swissinfo.ch Dina Wyler, que hasta hace poco trabajó para la Fundación contra el Racismo y el Antisemitismo (GRA, por sus siglas en alemán): “El antisemitismo se transforma fácilmente. Se adapta constantemente a las narrativas corrientes y con frecuencia se manifiesta a través del lenguaje visual o de palabras codificadas para seguir siendo ‘presentable’ en sociedad.”

Adaptado del alemán por Antonio Suárez Varela

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