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¿En qué medida es neutral Suiza?

“Europea y solidaria, pero independiente”: así se percibe a Suiza

Pascale Baeriswyl durante la sesión de urgencia sobre Ucrania celebrada en la la Asamblea General de la ONU el 28 de febrero de 2022. Copyright 2021 The Associated Press. All Rights Reserved
Este contenido fue publicado el 17 marzo 2022 - 09:00

En el extranjero, las sanciones de Suiza contra Rusia se han interpretado como un abandono de la neutralidad. ¿Se trata de un malentendido? Hemos planteado esta cuestión a Pascale Baeriswyl, jefa de la Misión Permanente de Suiza ante las Naciones Unidas.

swissinfo.ch: En el extranjero la decisión de Suiza de participar en las sanciones contra Rusia se ha interpretado como un abandono de la neutralidad. ¿Es un malentendido que usted ha tenido que aclarar en los últimos días?

Pascale Baeriswyl: Es normal que la neutralidad suiza no se conozca mucho. Habitualmente tenemos que explicar en qué consiste nuestra neutralidad, que es diferente a la de la Cruz Roja Internacional, por ejemplo. Esto forma parte de nuestro trabajo diario. Pero sí, en el contexto actual, lo hacemos más que antes.

Pascale Baeriswyl. © Keystone / Alessandro Della Valle

Aparentemente en el extranjero Suiza ya no se percibe como un país neutral. Rusia ha incluido el país en la lista de «países hostiles».

La neutralidad de Suiza no ha cambiado y, de momento, no puedo confirmar que ya no se nos considere un país neutral. Aquí en la ONU, en Nueva York, las reacciones a la posición suiza ante esta gravísima violación de la prohibición del uso de la fuerza establecida en la Carta de la ONU han sido mayoritariamente positivas. Y no solo por parte de los Estados occidentales. Por ello, confío en que Suiza siga siendo vista como constructora de puentes creíble y neutral. Es a lo que nos dedicamos cada día.

Cuando, como en el caso de las sanciones, Suiza se alinea con las posiciones de la Unión Europea, ¿a nivel internacional no corre el riesgo de ser considerado un «miembro light» de la UE en vez de un actor neutral?

Suiza, desde el punto de vista geográfico cultural y de valores, se encuentra en el corazón de Europa. Durante más de 20 años, ha adoptado de manera regular los regímenes de sanciones de la UE.

También aquí, en Nueva York, Suiza oficialmente forma parte del grupo occidental de la ONU. Sin embargo, no participa en las declaraciones conjuntas de la UE y a veces suele actuar como puente entre la UE y el grupo de países en desarrollo.     

Es con este matiz, «europeo y solidario, pero autónomo», como más se nos percibe aquí. A menudo es una ventaja, pero como contrapartida, a veces, tenemos menos peso que los Estados miembros de la UE.

¿La no pertenencia a la UE sigue siendo una «baza» para los buenos oficios frente a la «competencia» que representan Viena, Helsinki o Estocolmo?

En este momento, hay tantas áreas de conflicto en el mundo que todos debemos poner nuestro granito de arena. Las relaciones de competencia no merecen la pena. La mayoría de las veces, el perfil de un país mediador se adapta mejor a un determinado contexto que otro. También es habitual combinar diferentes servicios de mediación: un país, por ejemplo, aporta su experiencia en acuerdos de alto el fuego mientras que otro ayuda a organizar elecciones libres y justas.

El hecho de que Noruega y Suiza no sean miembros de la UE nos convierte a menudo −pero no siempre− en colaboradores codiciados. La singularidad de la Confederación está en la Ginebra Internacional, en tener la sede europea de la ONU y en su entorno humanitario e innovador. 

En el extranjero la neutralidad de Suiza se ve como una hoja de parra para proteger sus propios intereses económicos. ¿Cómo puede entonces cumplir su papel de mediador?

La reputación de Suiza siempre corre un riesgo cuando los actores helvéticos −económicos o no− no respetan las reglas del derecho. Como cualquier otro país. Aquí, en la ONU, la neutralidad suiza no se ve como un velo de pudor, sino todo lo contrario: gozamos de gran credibilidad.  

Tras la imposición de sanciones, ¿sigue Suiza en la carrera por mediar en la guerra de Ucrania?

Por razones comprensibles, no puedo contar nada al respecto. Lo importante es que la guerra se acabe cuanto antes, porque las consecuencias son dramáticas para la población, para el país, para la región y para el mundo entero. Cualquiera que pueda contribuir a poner fin a la guerra será bienvenido como mediador.

Después de las exitosas mediaciones en Nepal, Mozambique y otras regiones más bien remotas, se tiene la impresión de que Suiza está tratando de encontrar su primera mediación internacional de peso. ¿Es también una cuestión de prestigio?

Los buenos oficios de Suiza constan de tres aspectos: ser Estado anfitrión, mandatos de poder protector y mediaciones concretas.

Como Estado anfitrión, recientemente hemos acogido numerosas conferencias de la ONU, por ejemplo, sobre Siria. Durante décadas también hemos prestado valiosos servicios como potencia protectora, por ejemplo, a Rusia o a los Estados Unidos. En lo que a la mediación suiza se refiere, podemos decir que una suiza, Heidi Tagliavini, participó en la negociación de los acuerdos de Minsk. Y que un suizo, Toni Frisch, negoció durante años el intercambio de prisioneros entre el Gobierno ucraniano y los separatistas prorrusos. Esto, sin duda, ha permitido salvar muchas vidas. En Nepal y Mozambique, Suiza es un socio de la cooperación al desarrollo desde los años 60. Tenemos interés, por tanto, en que estos países no vuelvan a caer en conflictos sangrientos.

En resumen, tenemos motivos para estar orgullosos de nuestros buenos oficios. No se trata tanto de una cuestión de prestigio como de nuestra contribución a la comunidad mundial. Nos da un crédito que, como país dependiente de un orden basado en normas, necesitamos. Así que es en nuestro propio interés.  

Suecia ha entregado armas a Ucrania y así ha renunciado definitivamente a su neutralidad. Alemania también ha anunciado un cambio de paradigma en su política exterior y se está armando. ¿También Suiza necesita un cambio de rumbo?

Suecia ya en 2009 decidió renunciar a la neutralidad y desde entonces se autodenomina «no alineado». Esto tiene que ver con su ubicación geográfica, que está más expuesta. La situación de amenaza con Rusia se ha estado gestando durante años, incluso si todos esperábamos que una agresión de esta magnitud nunca se produjera. Suiza debe estar preparada para hacer frente a las crisis; también lo ha demostrado la pandemia. Pero en este momento no veo ninguna razón para cambiar nuestros principios de política exterior que han demostrado que funcionan.     

Pero ¿cómo será la neutralidad suiza en el futuro?

En principio, en lo que respecta a la neutralidad suiza nada cambia. Desde la anexión de Crimea hace ocho años, la ley de neutralidad suiza se aplica en el contexto ruso-ucraniano. La política de neutralidad es más flexible y, por tanto, se interpreta de diversas formas. Entre la población suiza, el aspecto de la «solidaridad» es el que más apoyo recibe para definir la política de neutralidad. En los últimos días, la población suiza también ha demostrado esta tradición humanitaria tan fuertemente arraigada.

Para otros, para definir la política de neutralidad es esencial la moderación de Suiza en los llamados «asuntos exteriores». Intentamos tenerlo en cuenta formando parte de quienes a menudo trabajan entre bastidores y en silencio para llegar a compromisos.

Pero Suiza no es neutral ante las violaciones del derecho internacional. Siempre nos ocupamos de ello. Como uno de los pequeños Estados más globalizados del mundo, para nosotros que se respeten las normas internacionales, tanto en política económica como de seguridad, es una cuestión existencial. Mientras seamos coherentes, seremos creíbles. La política de neutralidad es, en última instancia, una cuestión de credibilidad.     

Se habla de un cambio de época y de una posible nueva guerra fría. Los países occidentales se están acercando. ¿Cómo se posicionará Suiza?

Como historiadora, realmente creo que una época solo se puede entender con una cierta distancia. La historia siempre está en movimiento y, en mi opinión, tiene más de movimiento que de ruptura, aunque siempre hay que estar preparados para reaccionar rápidamente ante acontecimientos concretos como una guerra o una catástrofe. 

A través de nuestra labor diplomática, debemos intentar dirigir este flujo de acuerdo con nuestros intereses y valores. A largo plazo, la comunidad internacional debe restablecer la confianza, abordar las principales desigualdades, combatir la desinformación, reconstruir los sistemas de seguridad y, sobre todo, alcanzar los objetivos de sostenibilidad.

Una vez, cuando señalé los grandes riesgos de nuestro mundo, un periodista me llamó Casandra, lo que en aquel momento me molestó, porque no se trata de la mitología griega. Los factores de riesgo que en la actualidad se están materializando figuran desde hace más de diez años en el informe anual sobre riesgos globales del Foro Económico Mundial de Davos. ¡Hay que tomárselo muy en serio! De lo contrario, no dejaremos un buen futuro a las generaciones futuras.

Mi esperanza es que ante las graves crisis actuales −pandemias, guerras y hambrunas− la comunidad internacional vuelva a unirse para afrontar juntos los desafíos globales, aquí en la ONU.

Pascale Baeriswyl

Pascale Baeriswyl nació en Berna en 1968. Estudió Derecho, Historia, Literatura Francesa y Lingüística en Basilea, Ginebra y París, y se licenció en Derecho y en Filología. Tras haber trabajado como investigadora en la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia y como jueza en el Tribunal Civil de Basilea, entró en el servicio diplomático en el año 2000.

Después de haber estado destinada en Vietnam, Bruselas y Nueva York, en 2013, Pascale Baeriswyl volvió a Suiza como vicedirectora de la Dirección de Derecho Internacional Público. Desde 2016, ha sido secretaria de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores (DFAE) y titular de la Dirección de Asuntos Políticos. En 2019, el Consejo Federal la nombró nueva jefa de la Misión Permanente de Suiza ante las Naciones Unidas. Ocupa dicho cargo desde junio de 2020.

Fuente: DFAE

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Traducido del francés por Lupe Calvo

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